In-edit 2013: 10 recomendaciones

Como siempre por estas fechas, me llena de orgullo y satisfacción recomendaros una decena de títulos de los que se podrán ver en esta edición del In-edit. Sobra decir que estos tips son a título personal. Porque a mí me gustaran estos docus musicales, pero si le preguntáis a alguna otra persona del In-edit, es posible que os diga otros 10… y que no coincidamos en ninguno. También podéis ir por libre, claro, consultar la programación aquí y escoger vosotros mismo. En cualquier caso, allá va mi top:


“TEENAGE”
Texto de Jon Savage, imagen de Matt Wolf (el tipo que ya dirigió el sensacional “Wild Combination” sobre Arthur Russell) y música de Bradford Cox. Un think tank tremebundo para intentar establecer mediante imágenes de archivo una cronología del nacimiento, crecimiento y auge de la cultura juvenil (y subculturas varias) del S XX.


“THE BLUES ACCORDIN’ TO LIGHTNIN’ HOPKINS”
El mejor documental sobre blues que verás en tu vida. Y punto. Aviso para navegantes: cualquier peli que pilléis de las que se pasan en la retrospectiva del maestro Les Blank os va a empalidecer lo que hayáis visto antes o veáis a continuación.


“THE SOUND OF BELGIUM”
Premio al docu más divertido de este año. Cierto es que el título no invita demasiado (le han puesto el nombre genérico, casi), pero este mapa de la electrónica gofre es un cachondeo padre. No, si al final tendrán razón los que dicen que, en términos de electrónica, Bélgica es la Valencia del norte.


“THE PUNK SINGER”
Kathleen Hanna y la necesidad de ser alguien… o no. Kathleen Hanna y la urgencia por encontrar su medio de expresión. Kathleen Hanna y el punk. Kathleen Hanna y la música de baile. Kathleen Hanna y las riot grrrls. Kathleen Hanna y los tópicos feministas. Kathleen Hanna y Bikini Kill. Kathleen Hanna y Le Tigre. Kathleen Hanna y su espejo.


“TRIANA PURA Y DURA”
Aquellas grescas gitanas eran un despiporre mucho más loco, dionisíaco e inclusivo (aquí participa todo el mundo) que aquellas juegas universitarias que nos suele enseñar Hollywood. Los gitanos expulsados de Triana en los 50 volvieron al barrio en 1982 y el gran Ricard Pachón encuentra las cintas de video que inmortalizaron ese retorno.


“WHO’S SONNY ROLLINS?”
Retrato de un coloso del saxofón con el puente de Wiliamsburg de fondo. 26 minutos inmortales que se codean sin problemas con otros ilustres documentales sobre jazz. De Dick Fontaine (otro de los homenajeados de este año) también es la bomba “Beat this! A hip-hop story”.


“HARRY DEAN STANTON: PARTLY FICTION”
Anda, si Harry Dean Stanton también canta. Como actor, Ridley Scott, Robert Altman, Wim Wenders o David Lynch le sacaron todo el jugo que pudieron a este rostro ya de por sí exprimido. Pero es que además el tipo tiene cara de tocar en The Band (era colega de ellos, además). Un docu de culto sobre un actor de cultísimo.


“DURAN DURAN UNSTAGED”
Más David Lynch. Porque este es un film de Lynch, sí. En su loca hiperactividad multidisciplinar, va el monstruo y decide grabar un concierto de Duran Duran. Lo graba a su manera, claro, con superposiciones de imagen, retroproyecciones bizarras y la ausencia de ataduras que le caracteriza. No es “Industrial Symphony nº1”, pero…


“APOCALYPSE: A BILL CALLAHAN TOUR FILM”
No deja de ser una película de gira con hermosos planos de carretera y manta intercalados, de acuerdo. Pero, ojo, que en pantalla grande ver a Callahan desmenuzar versos es tan hipnótico como ver a, por ejemplo, Leonard Cohen en “Bird on a wire” o Tom Waits en “Big time”.


“NAKED OPERA”
No es exactamente un docu musical. O sí. Marc Rollinger es un gay repelente, bon vivant y forrado de dinero que decide patearse el mundo viendo todas las representaciones de Don Giovanni, su ópera favorita, que pueda (y haciéndose acompañar por bigardos a sueldo allá donde duerma). Como este personaje tan enervante como complejo sabe que su salud está en el alambre, se plantea este tournée manirroto como una grande bouffe de la lírica.

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“Breaking bad”, sí, pero…

Qué raro que no hubiera escrito nunca antes aquí de “Breaking bad”. Aunque sí lo pienso, quizá no lo es tanto: simplemente no me he preocupado en decir nada antes porque… la serie no me sugería tampoco nada qué decir. Nunca sentí la urgencia. Nunca me pareció que me valía la pena tomarme la molestia. La serie me gustaba, sí, pero ni me apasionaba tanto como para derramar elogios ni me disgustaba tanto como para aliviar vesícula. Y ahora que se ha acabado, pues ahí mismo estoy; en el sí, pero…

¿Qué me ha movido entonces a escribir un post sobre “Breaking bad”? ¿Una arcada esnobista para separarme del rebaño acrítico ahora que todo el mundo flipa (¡A la altura de “Los Soprano”! ¡De “The Wire”! ¡De “Mad men”!)? ¿Oportunismo trapacero en busca de “likes” y “RTs”? ¿Simples ganas de espoilear y tocar los narices? ¿De meterme en un berenjenal? ¿O estoy siguiendo el impulso de autodestrucción de mi credibilidad? Bueno, supongo que sencillamente me puede la curiosidad por todo lo que me produce sentimientos ambivalentes y, pobre iluso, creo que escribiendo sobre ello lo acabaré entendiendo mejor, acaso entendiéndome mejor a mí.

Veamos, pues.

Si me pongo a hacer balance de mi relación la serie de Vince Gilligan la cosa más o menos ha sido así:

1ª TEMPORADA. Muy prometedora serie… truncada por aquella huelga de guionistas (8 episodios y tira que te va). Qué gran personaje presentaba, por eso: Walter White, una mente extraordinaria enjaulada en una vida ordinaria. Y tenía también una excepcional circunstancia que, de alguna manera, tiraba de varios hilos del inconsciente colectivo: ¿Cuáles son las consecuencias de reinventarse a la brava en estos tiempos de apretones? ¿Qué sucede si traspasas la frontera de la legalidad? ¿Cómo debe ser una cata del “otro lado”? ¿Cuántos escrúpulos hay que saltarse para delinquir? Estos “¿Y si…” tan resultones me los empañaba, no obstante, un runrún algo moralista: en realidad la serie era “Breaking good”, no “bad”, porque las causas que empujaban en principio al personaje a violar la ley no podían ser más nobles (¡Ah, la familia! ¡Ah, el cáncer! ¡Ah, el porvenir!…). Otra vez el molesto fantasma de la sobre-justificación, tan presente en las ficciones televisivas, dando por saco.

2ª TEMPORADA. Arrancó como una faena de aliño del coitus interruptus de la primera y se convirtió en… un despelote creativo muy disfrutable. A partir del capítulo que arranca con el narcocorrido, a partir de la inclusión de Saul Goodman (el descargo cómico que no proporcionaba, aunque se intentó, Hank), a partir de la aparición de Gus Fring y Mike, la serie alcanza su plenitud. Tanta imaginación desbocada, no obstante, tiene algún exceso a lamentar: ¿De verdad va a terminar esta temporada con un accidente aéreo a modo de Deus ex machina? Corrijo: ¿Con un machina ex machina? Hombre, tampoco os paséis.

3ª TEMPORADA: La mejor. Todo está perfectamente engrasado. Algunos episodios parecen hasta de los Coen (concretamente el que acaba con el tiroteo en el parking). La cosa chuta ya tan bien que los guionistas, tan esforzados siempre en dejarnos claro que esta era una serie “de calidad”, se sacan la chorra en“The fly”, un bottle episode muy llamativo, claro, pero con sus defectos: si hasta ahora el gran magnetismo de “BB” era intentar imaginar qué le pasaba por la cabeza a WW, un episodio tan verbalizado ¿no es una salida de tono? Me temo que los diálogos no son el punto fuerte de la serie, a pesar de algún quiebro brillante. Esta es una ficción muy visual, lo cual, ojo, es gloria bendita en Tv. Pero, si se quiere jugar a la dramaturgia pura y dura, entonces hay que escribir con bastante más empaque (o al menos, sin tanta literalidad al exponer con palabras ideas y sentimientos).

4ª TEMPORADA: …y se les fue la olla. A partir de este momento, en equipo “BB” se flipa. Cámaras colocadas en un robot roomba, planos generales esperando a que pase una nube, tres o cuatro puntos de vista inverosímiles por episodio… Esteticismo desbocado y sobre-realización a mansalva. Se salva por el pulso entre Walter y Gus. Porque lo del cigarrillo envenenado… en fin: podrían haber buscado una solución argumental un poco menos rebuscada y creíble, pero total, a estas alturas, la audiencia ya iba a querer a la serie igualmente.

5ª TEMPORADA: Transición especulativa tirando a ramplona con algún manchurrón (¿otro niño muerto? ¡Nooooooo!) y algún chispazo casi Fordiano: la muerte de Mike (a pesar de lo incongruente de la reacción postrera de Walter). Como en aquella media-temporada antes de la final de “Los Soprano”, se pasan 7 capítulos viéndolas venir. Y en el 8º, y de modo bastante absurdo, apretan el gas a tope. El timing ese tan chulo que tenía la serie, tan de lentas transformaciones interiores, se va al garete en un episodio con secuencias de crecimiento por doquier y volantazos de trama aquí y allá.

5ª TEMPORADA (bis): La cosa sigue como acabó… o peor: con moralina de perogrullo (volverse malo es, mmmm, ¿malo?). De repente, todo empieza a pasar muy rápido. Demasiado. Así que crecen las licencias de guión y mengua el paréntesis de incredulidad. Muchos bolets salidos del no res para hacer la vista gorda. A ver, ¿Quiénes son esos nazis con pinta de rednecks de “Justified” tan poderosos que aparecen ahora? ¿El Todd éste que acaba de llegar resulta ahora que es un criminal mastermind y un alumno de matrícula de química parda? ¿Y ese mini-cartel del estado vecino que en un capítulo da un miedo que te cagas y al siguiente se los pelan en un santiamén? ¿Más súper-inventos de MacGyver (de los creadores del súper-imán llega ahora ¡la súper-metralleta!)? Y vuelta la mula al trigo con lo del ricino… Después de haberme leído “El poder del perro” (habérmelo leído yo y millones de personas más, cuidao), ¿de verdad queréis que trague ahora con esto? Mientras la serie tenía un precepto único (un químico que tuerce el camino en su vida), no había apenas comparación posible con otras ficciones. Pero si ahora resulta que la cosa acaba como un thriller fronterizo y ultraviolento de camellos a gran escala, pues ya lo siento, pero no puedo hacer ver que no he leído todo lo que leído o no he visto todo lo que he visto.

El problema sé que probablemente lo tenga yo, quélevoyahacer. Por lo general, me suele importar un pepino cómo se resuelve una trama y, por eso mismo, los espoilers también me la sudan bastante (Ah, se me olvidó la advertencia para pusilánimes: ESTE TEXTO CONTIENE ESPOILERS). Así que yo no veía “Breaking bad” para saber cómo acababa. Yo atendía a la serie (y he atendido hasta el final, lo cual dice mucho) porque, como en algunas buenas películas, me gustaba vivir dentro de ella. Vince Gilligan había creado un tablero regido por una serie normas inspiradas en el noir clásico (el hombre vulgar que oye la llamada de lo criminal y se aboca a un encadenado de situaciones en las que deja de tener el control de su vida), el western psicológico y el melodrama suburbial en el que me encantaba estar. Ir detectando las diferentes etapas del parsimonioso viaje de la luz a la oscuridad de Walter White era mi gancho. Un meticuloso y apasionante proceso interno. Cuando las acciones externas ganaban presencia en la serie (y variaba el tono, la textura, el tempo…), la identidad de “Breaking bad” se me hacía otra. ¿Se traicionaba a sí misma? No sé. Sí sé, por eso, que hasta su clímax y desenlace a mí me parecía que me daban Joselito y al final resulta que era Navidul.

Hay más ingredientes que me amargan el paladar en “Breaking bad”: de la pobreza, agravio comparativo respecto a los hombres y de lo mal que crecen todos los personajes femeninos, por ejemplo, ya se ha hablado largo y tendido (La propía Anna Gunn se exorcizó en el New York Times). Pero sobre lo mediocre que suele ser la música de la BSO de la serie he oído muy pocas voces críticas. Porque si de verdad quieren ganarse la comparación con “The Wire”, “Los Soprano” o “Mad Men”, deberían haber tenido la misma puntería/putería al escoger canciones, que los muy cutres ponen el lazo a 5 temporadas y media con Badfinger…

Mmmmm….

Me releo todo esto y…

…mmmm….

…tampoco me siento del todo cómodo en el papel del siervo que va detrás de “Breaking bad”, en su paseo triunfal tras ganar por fin en los Emmy, encargado del memento mori. Tan cenizo y tan overcritical con la serie no soy. Lo que pasa, es que tampoco me siento incluido dentro del entusiasmo generalizado que ha acompañado a este finale. Ya lo decía al principio: tengo sentimientos ambivalentes. Y si hago examen de conciencia, reconozco que en “BB” hay talento a paladas y fácil de detectar: la mayoría del cast, esas sorprendentes oberturas casi autónomas de capítulo, situaciones y escenarios bizarros, factura molona, blablablá… Quizá esta ficción sea como esos grandes futbolistas tan conscientes de su arte: se ensimisman en una filigrana innecesaria, se borran en partidos con lluvia y pasan mucho de bajar a defender, pero en general, su calidad está fuera de duda (o, si se duda de ellos, se les perdona por carisma). Porque, por muy tonto que me ponga, “Breaking bad” tiene un elemento muy poderoso que es el que vence a todo lo demás en el computo general: Walter White.

Hete aquí a un personaje (y a un actor: inmortal ya Bryan Cranston) como una casa de payés que tardó bien poco en incrustarse en el acervo de nuestros días. Su iconicidad es despampanante. Y eso que en realidad estamos hablando de un tío calvo con perilla, camisas de H&M y gafas de montura retro genuina, no impostada. Todo lo que esta estampa simboliza es mil veces más atractivo que su disfraz de Heisenberg (muy cool y muy de cómic, pero sin transmitir siquiera un 10% de complejidad). Porque, en realidad, a mí me gustaba ver “Breaking bad” como una serie sobre el ego; como una serie sobre un individuo que se niega a formar parte de la masa; como una serie sobre el talento desperdiciado y/o aprovechado a cualquier precio; como una serie sobre la obsesión por ser el mejor en lo tuyo y que, además, te reconozcan que lo eres los que saben. Todo esto representa Walter White. Mis dudas, supongo, vienen de si todo esto también es lo que quiere representar Vince Milligan.

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“The good wife”

La tenía únicamente por una serie de entretiempo; una de esas para rellenar semanas baldías sin otra ficción más interesante que llevarme a los ojos. Pero “The good wife” se me ha acabado ganando. Sobretodo en la cuarta temporada… aunque la tercera ya me pareció notable. Y, bueno, si llegué hasta la tercera habiendo engullido los cuarenta y pico episodios de las dos primeras, eso quiere decir que tampoco me parecía tan mal hasta entonces.

Alicia Florrick ha sido, lo admito, mi principal escollo para salir del armario con “The good wife”. Me costaba reconocer abiertamente que me gustaba la serie creada por Michelle y Robert King (y producida por los hermanos Scott) porque me costaba ella. Taaaan perfecta, taaaan gran profesional y mejor persona, que daba rabia. Abogada top y mater amantísima (la utopía extrema de la conciliación), buena compañera de oficina y MILF distinguidísima, chica lista y, por supuesto, esposa ejemplar. Porque una esposa ejemplar es aquella que se sacrifica, sufre y perdona, ¿no? Uf, lo veis como cuesta.

Ahora bien, con el paso de los capítulos he ido asumiendo que si este personaje es tan blanco, tan recto y tan de una pieza, es para que todos los demás (tan turbios, tan desviados y tan agrietados) choquen con él. Sobra decir, claro, que precisamente por este contraste, el resto de protagonistas son infinitamente más atractivos que Alicia Florrick: la enigmática Kalinda Sharma, el vitriólico Eli Gold, el trepilla Cary Agos, los tiburones Diane Lockhart y Will Gardner, etc… Por no hablar ya de esos secundarios (jueces, fiscales, expertos en balística, investigadores…) que tanto se prestan a la special appearance suculenta: a lo largo de los 90 episodios de la serie hemos identificado a Michael J. Fox, Christina Ricci, Matthew Perry, F. Murray Abraham, Kyle MacLachlan, Michael Bloomberg, Bill Maher y otras más o menos sonadas guest stars (por si os queréis entretener con este tema, clicar aquí).

Poco afín como soy a las ficciones judiciales, y especialmente las televisivas, sé que si al final me he acabado convenciendo con “The good wife” es porque no la veo como si fuera un eslabón que engancha en la cadena de “Perry Mason”, “La ley de Los Angeles” o “Ally McBeal”, sino como una aplicación en el drama legal del libro de estilo de “El ala oeste de la Casa Blanca” (lo que vendría siendo: Mainstream riguroso para dummies). El ritmo de la serie es alto y la edición muy artera, los contenidos no rehuyen la complejidad y los diálogos no temen a los polisílabos y todo quiere enmarcarse en una suerte de televisión de entretenimiento, ejem, intelectual. Como la mítica serie de Aaron Sorkin, por eso, “The good wife” a veces peca de exceso de didactismo y las tramas verticales de los episodios intermedios son mucho más satisfactorias que las tramas horizontales. En esta cuarta temporada, por ejemplo, muchos casos de los que se plantean y resuelven en un mismo episodio son pleitos interesantísimos sobre la propiedad intelectual en la era 2.0, sobre aparecer o no en los buscadores de la web, sobre el dinero electrónico, sobre la validez de las grabaciones en vídeo de los smartphones, sobre memes de youtube… Es decir, que hay un esfuerzo por sincronizarse con los tiempos y plantear contenidos sobre vacíos legales muy de nuestros días.

Respecto a las tramas que abarcan toda la temporada, bueno, ahí sí que he detectado una mejoría que es la que, seguramente, me ha llevado a escribir estas líneas. “The good wife” se ha vuelto más seria y, quizá por haber alcanzado ya una envidiable velocidad de crucero en la parrilla de la CBS, se ha permitido empezar a sacudirse de encima algunos tics argumentales de serie para todísimos los públicos que la afeaban. Ahora, en paralelo a los contenidos judiciales, las intrigas empresariales y las cuitas políticas dominan por encima de las aventurillas románticas, que siempre acababan tendiendo a lo culebronero. O sea que, esta vez sí y así sí: “The good wife” se gradúa como entretenimiento televisivo adulto del bueno. Algo que por mucho traje chaqueta caro, mucho granate y negro y mucha madera noble que se utilice en la dirección artística, sólo se consigue cuando se aprietan las tuercas en guión.

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20 películas veraniegas más

Bueno, como sé de primera mano que muchos encaráis los dos próximos meses cargando el disco duro de películas para ver abanico en mano, ahí va otra veintena de films sobre las vacaciones, la perrera, las playas o el caloraco del verano para acompañar al ídem. He intentado no repetir autores de la lista del año pasado, aunque Tennessee Williams ha insistido en volverse a colar. También me he esforzado tanto como he podido/sabido en no caer en las obviedades, pero hay algunos títulos inevitables que, además, me gustan mucho. Quizá falte esta vez algo de comedia, pero las que se han barajado en la base de datos de mi memoria (“Este muerto está muy vivo”, “National Lampoon Vacation”, “Los albóndigas”, “La familia Addams: la tradición continúa”, “Matrimonio compulsivo”…) no me han acabado de convencer… o al menos, no tanto como estas 20:


1. “THE NAKED CITY” – Jules Dassin
Inspirada en el mismo libro inmortal de fotografías del gran Weegee en el que también se fijó John Zorn para una de sus encarnaciones más recordadas, este film noir mezcla (¡en 1947!) ficción y tomas documentales durante los días de más calor del verano en NYC. Summer in the city.


2. “PRINCIPIOS DE VERANO” – Yasujiro Ozu
Entre la manzana que pela Chishu Ryu en el último plano de “El final de la primavera” y la montaña vista desde un tren en marcha del final de “Principios de verano”, caí rendido para siempre ante el maestro. Su película más total, en el sentido de gran obra globalizadora que explica el cine, la vida y todo lo que hay en medio.


3. “EL SALARIO DEL MIEDO” – H.G Clouzot
La mística de las camisetas de tirantes, del manchurrón, de los profesionales que sudan el lomo a altas temperaturas (Hawks, en el horizonte). Nitroglicerina + camiones que deberían estar ya en el desguace + carreteras imposibles: los ingredientes necesarios para completar una misión suicida.


4. “LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA” – Billy Wilder
“I keep my undies in the icebox!” está diciendo Marylin en este gif, con esa despreocupación tan sexy e ¿inconsciente? que la caracterizaba, mientras se quita los pasadores. Suficiente como para que te pique todo lleves 7 años de relación estable, 7 meses, 7 semanas, 7 días, 7 horas o 7 segundos.


5. “A PLENO SOL” – René Clément
No pasa todo en verano, cierto. Pero todas las secuencias dentro de la trampa mortal de ese barco en orillas italianas son puro genio. Y eso es algo que le debemos tanto a la Highsmith, como a Clément, Ronet, Delon, Decae, Rota…


6. “LA ESCAPADA” – Dino Risi
Si “Vacaciones de ferragosto” era una pequeña y simpática película sobre el mes en el que Italia baja la persiana de la cotidianidad, “La escapada” es la GRAN GRAN película sobre el ferragosto. Dos personajes y dos actores inolvidables, cada uno de ellos en el modelo de vida y sensibilidad que representa.


7. “LA NOCHE DE LA IGUANA” – John Huston
Ava Gardner y dos maromos con maracas bañándose de noche en Puerto Vallarta. No hase falta desir nada más.


8. “AMERICAN GRAFFITI” – George Lucas
Los últimos días del estío y la nostalgia fifties. Seré un hereje, pero ésta sigue siendo mi peli favorita de Lucas. Y la de Richard Linklater, que la actualizó a su manera en “Dazed and confused”, diría que también.


9. “FUEGO EN EL CUERPO” – Lawrence Kasdan
Quema por fuera y quema por dentro. Los sudores de una femme fatale y del pelele que cae en su tela de araña. Hollywood intentó repetir la jugada años después con “Labios ardientes”, pero sólo supero la apuesta con la banda sonora.


10. “LA LEY DEL DESEO” – Pedro Almodóvar
De los pocos Almodóvares que salvo… y tampoco entera. Aunque el momento “¡Riégueme!” me viene a la cabeza siempre que viajo a Madrid entre mayo y septiembre.


11. “MI VECINO TOTORO” – Hayao Miyazaki
Instalarse a vivir en el campo, tener a la madre en el hospital, terminar la escuela y encarar el verano. Una suma de circunstancias que disparan la imaginación de las dos niñas protagonistas e invocan a una serie de monstruos fantásticos que ya han quedado para la posteridad. Time out la escogió la mejor peli de animación de todos los tiempos. No seré yo quien lo discuta.


12. “MIAMI BLUES” – George Armitage
Peli olvidada pero no olvidable. El clima pegajoso de Florida no acababa de casar con el glamour de “Miami vice”. La rodalaza sobaquera que gastan todos los personajes de este thriller atípico ya parece estar más acorde con lo que marca el termómetro.


13. “LE LLAMAN BODHI” – Kathryn Bigelow
Como nos enseñó Sidney Lumet en “Tarde de perros”, el verano es la mejor estación para cometer atracos, cuando todo el mundo está con la cabeza ya en las vacaciones. Deportes de riesgo, delitos con mascaras presidenciales y amistad tan viril que parece homo.


14. “LOS JUNCOS SALVAJES” – André Téchiné
Verano de despertares. Verano de creación de identidades. A lo lejos suenan las bombas de la batalla de Argel… pero aquí en el campo, todo es epidermis.


15. “SEXY BEAST” – Jonathan Glazer
Mafioso retirado al que no dejan retirarse pone sus lorzas al sol. Hay que ver lo que les gusta la Costa del Sol a los ingleses. Muy recomendable también “Morvern callar”, otra peli brit en este mismo escenario vacacional ajusticiado por el astro rey.


16. “CANÍCULA (DOG DAYS)” – Ulrich Seidl
Malrollito centroeuropeo. Cuando creíamos que nadie nos iba a amargar más la fiesta que Haneke, descubrimos a Seidl. Estos austriacos, que mal aguantan el calor. Cualquier escenario cotidiano parece irreal y cualquier vecino, un pirao.


17. “BLISSFULLY YOURS” – Apichatpong Weerasethakul
Amoríos furtivos en la jungla. Uno de los films que mejor capta toda la vertiente sensorial de las escapadas veraniegas. Aún bajo su aparente sencillez, y como siempre con Apichatpong, nada parece escrito de antemano, sino que se va materializando en cine sobre la marcha.


18. “Y TU MAMA TAMBIÉN” – Alfonso Cuarón
¿Cuándo nos han caído tan bien Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú? Coño, si es que esta road movie parece escrita por Juan Marsé: española sin manías se larga con dos fresitas hacía el final del verano… y el final del pavo.


19. “EL SABOR DE LA SANDIA” – Tsai Ming-Liang
Iba a poner la inconmensurable “A brighter summer day” de Edward Yang, pero me parece que me podía más el título que la relación de la película con el verano en sí. Al final, otro taiwanés ilustre saca la cabeza en esta lista con un ¿musical porno? sobre los días de sequía. Cuando hay que comerse la fruta como si fuera tu amante y a tu amante, como si fuera fruta.


20. “LOS DESCENDIENTES” – Alexander Payne
Puestos a poner una peli reciente en Hawaii, algunos escogerían “Forgettin’ Sarah Marshall”. Y puestos a elegir un film veraniego del año pasado, otros se decantarían por “Moonrise kingdom”. Para no comprometerme con ninguno de los dos bandos (aunque sea bastante más del segundo), me quedo con Alexander Payne, un tipo capaz de armar un drama (¿o es una comedia?) con personajes en bikini, bermudas y camisas floreadas.

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20 canciones veraniegas más

Venga, va, que ayer me releí el post del año pasado de canciones sobre el verano y …eché unas cuantas de menos. Así que ahí va otra veintena de temas:


1. FRANK SINATRA“The things we did last summer”
Nada como un tema vintage del joven Sinatra para sentir nostalgia por todos los veranos pasados.


2. MARTHA REEVES & THE VANDELLAS“Heat wave”
Podía haber entrado también “Dancing in the streets”, pero ha caído ésta por la bombástica versión que hacía The Jam.


3. LEE HAZLEWOOD & NANCY SINATRA“Summer wine”
El Park Chan Wook de “Stoker” sabe del entrelíneas perverso de esta canción. Ese vino hecho de cerezas, fresas y besos angelicales se puede subir mucho a la cabeza.


4. JAN & DEAN “Surf city”
“Two girls for every booooy…” Si no metiera una canción surf, ¿qué mierda de lista veraniega sería ésta?. Pocos géneros hay tan dependientes de la estación del calor. Ampliable o sustituible por “Wipe out” de The Surfaris.


5. THE DOORS“Summer’s almost gone”
“El final del verano” en clave California sixties. Perezosa, sinuosa y venenosa.


6. MONGO SANTAMARIA“Watermelon man”
La partitura de Herbie Hancock con camisa hawaiana. ¿Todavía se ve en las playas a gente vendiendo cortes de sandía? ¿O ahora ya sólo hay masajes chinos?


7. SLY & THE FAMILY STONE“Hot fun in the summertime”
Tras Woodstock, a Sly y familia les debía parecer que todo lo bueno en la vida pasa durante el verano. Despendole sofisticado.


8. ALICE COOPER “School’s out”
Hale, se acabó ir a clase. Ahora ya es tiempo de jugar con reptiles, montar teatrillos macabros y hacer el ganso con los amigotes. Septiembre aún queda lejos.


9. THE UNDERTONES“Here comes the summer”
Si en Queens, los Ramones le cantaban a todo trapo a “Rockaway beach”, en Derry los O’Neill condensaban su trempera pre-estival en minuto y medio.


10. VAN MORRISON“Summertime in England”
La canción más larga escrita por Van Morrison. Diez minutos recordando pasajes de T.S Elliot, Coleridge, Wordsworth y Blake. César Estabiel la explicó muy bien aquí.


11. THE SMITHS“Ask”
Porque los indies retraídos también necesitan himnos kitchen sink para sus veranos “spending warm summer days indoors, writing frightening verse to a buck- toothed girl in Luxembourg”


12. LOS BICHOS“Verano muerto”
Pobrete Josetxo. En vida, nadie le hizo caso a sus hits de colores y en muerte…pues hay que seguir reivindicándole. Un millón de esqueletos +1.


13- DJ JAZZY JEFF & THE FRESH PRINCE“Summertime”
Su hijo es de bofetón y alguien que tiene tanta química con Pablo Motos no puede ser trigo limpio, pero… no lo puedo evitar, a mí me hacía mucha gracia el Príncipe de Bel Air. Y su amigo Dj jeta, más aún.


14. BEAT HAPPENING “Indian summer”
¿El más grande de los grupos voluntariamente pequeños? Qué buenas versiones hacían Dean Wareham y Los Punsetes de este veranillo del membrillo.


15. JANE’S ADDICTION“Summertime rolls”
Perry Farrell moló durante 3, quizá 4 años. Pero moló mucho. Su rock era más ácido que mestizo. ¡Camisetas fuera!


16. PAVEMENT “Summer babe”
Aaah, los Pavement del primer disco, los del hippie-freako Gary Young a la batería. Leyendo a The Fall, Sonic Youth, Pixies y Lou Reed y escribiendo la Biblia slacker.


17. THE POGUES“Summer in Siam”
Delirium tremens en antiguos reinos asiáticos. Van Morrison la cantaría de lujo. La otra cara del verano de “Fiesta” (¿la resaca?).


18. LES NEGRESSES VERTES “Volià l’été”
En su día me parecían una mezcla de Mano Negra, Pogues y un poco de Gipsy Kings. Hoy los veo como una banda de fugitivos de un film añejo de Marcel Carné. Súper-rescatables.


19. FENNESZ “Endless summer”
The beach Boys pasados por el filtro de “Loveless” pasado por el filtro de Mego. ¿Cómo que la electrónica no es para el verano?


20. THE THRILLS“Big Sur”
Cinco chavalotes de Dublin viajan a la costa oeste yanqui y caen rendidos a los pies de los hermanos Wilson, del Pacífico y de la California state route 1.

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“El gran Gatsby”, qué horror

Es tan fea que al salir del cine he tenido que entrar en una farmacia a por colirio. Que espanto de película, la virgen. Y qué aburrida. Y qué mala. Reconozco que, como todos, yo también tengo prejuicios y algunos de ellos tienen nombre y apellido: Baz Luhrmann, por ejemplo (bueno, sí, Leonardo DiCaprio sería otro). Así que, sí, mi valoración sobre “El gran Gatsby” es muy predecible. Ya…

El cine de Baz Luhrmann es una tarta muy vistosa pero incomible, un bronceado de rayos UVA con cadenón de oro, una pirueta más-kitsch-todavía, una falla love parade. Es David LaChapelle, es Pierre Et Gilles y es Jean-Paul Gaultier. Pero sin auto-conciencia irónica, sin dirección, sin entre líneas. No tengo nada contra el exceso en la gran pantalla (me encantan Von Sternberg, Visconti, Terry Gilliam, Miyazaki…) ni, por supuesto, nada contra los estilos audiovisuales rematada y voluntariamente gays (Sirk, Haynes, Almodóvar…coño, si hasta le veo su punto a algunas cosas de Bruce Labruce y Greg Araki), pero en Baz Luhrmann no percibo ninguna intención más que la de llenar de colorines, flashes y bisutería la pantalla. Uy, sí, sus películas son monumentos a la post-modernidad rococó, al remix despendolado y desprejuiciado y al todo vale y nada es tan hortera como se cree, porque el mal gusto es sólo una convención. Perfecto. Una coraza teórica muy noble, pero también muy tramposa. Porque por muy despiporrado y manirroto que sea el planteamiento estético de Luhrmann, por hiperbólico que sea su sentido de la ornamentación, si no hay armonía, si no hay cierto criterio unificador, si no hay proporción incluso en la desproporción, entonces su cine nunca acariciará siquiera la belleza real, no digamos ya la emoción.

Como podéis detectar, he salido de “El gran Gatsby” hecho un basilisco. Y, si me lo pensara dos veces, la peli no se merecería ni eso. De hecho, como relato es tan anémica (para que luego digan de la versión de Jack Clayton) que la indiferencia sería la reacción más justa. Pero, yo que sé, a veces creo que un cabreo a tiempo, (me) educa. Y tras leer el conjunto tibio de reacciones tras su pase como peli inaugural en Cannes (una semana después de haberse estrenado en USA: qué raro todo), donde la mayoría de comentarios podrían estar escritos de antemano, me he engorilado. Porque ya no voy ni a entrar en si es una buena o mala, libre o fiel, adaptación del clásico de Scott Fitzgerald, si no en lo pobrísima y cutre que es como película, aunque tuviera un guión original.

Y es que, repito, “El gran Gatsby” es MUY FEA. Esos fundidos-encadenados, esas superposiciones, esos insertos, esos filtros-neblina, esas planificaciones arbitrarias (la conversación final entre Gatsby y Carraway en el embarcadero es chusquera a dolor) y esas músicas tan de gran gala de reality-concurso musical son de una torpeza que no se puede ni creer. Por momentos, además, parece una peli Disney: el reencuentro entre Jay y Daisy para tomar el té le parecería infantil a cualquier espectador que tenga más de 12 años. Y, luego, claro, hay que penar por lo extremadamente literal que es: todo, todo y todo se explica, sobreexplica y subraya por si acaso. ¿Sugerencia? ¿Insinuación? ¿Sutileza? ¿Misterio? ¿Sub-texto? ¿Qué es eso?

En fin… que ni por la parte del espectáculo, ni por la del drama, tú. Mientras “El gran Gatsby” nos quiere hacer sentir el vértigo de la imagen, el tótum revolútum audiovisual es de una aleatoriedad muy poco seductora: hay videojuegos que presentan con más atractivo a sus personajes, escenarios y situaciones en pantalla que esto. Y cuando quiere abismarnos al vértigo de la mirada, al pathos de la historia que mal que bien está contando, entonces es un chiste sin gracia: nulo sentido de cuáles son los momentos relevantes en el timeline del relato y cuáles no. Claro que eso pasa por intentar estar todo el rato arriba, al 11, que es uno de los males (¡otro más!) de Luhrmann. Que no por ser el más vocinglero, el más estridente y el más abigarrado va a conseguir ser también el que más destaque o llame la atención. O, al menos, no para bien.

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Onomatopeya pop

El Ding dong, the witch is dead que acompañó a la muerte de la Thatcher con renacida popularidad y certero oportunismo 2.0 tiene la culpa de este Top 15. Canciones con onomatopeyas no necesariamente infantiles. O como el truco de “Old McDonald had a farm-En la vieja factoría” también podía funcionar para adultos. No me refiero tanto a los lalalás, duduás, nananás, parapapapás, shubidubis o whambamthankyoumams que suelen salpimentar al pop, sino a señores adultos delante de un micrófono intentando proferir sonidos de animales, objetos o acciones en base a las onomatopeyas, a menudo muy de lenguaje del cómic, que tenemos todos asociados a ellos. También quedan para otra lista las canciones que han intentado incluir instrumentaciones onomatopéyicas (sobre trenes, por ejemplo, hay un buen montón). Así que, patapám, ahí va este top 15 en el que, seguro, hay ausencias que no dudo que tendréis a bien señalar (directamente, ya creo que me olvido de Tom Zé, Laurie Anderson, Screamin’ Jay Hawkins o Bobby McFerrin). Recordad: pinchando el título, podréis escuchar cada tema.


1 – JUDY GARLAND – “The trolley song”
Hugh Martin y Ralph Blane en tranvía. Los coloretes de la Garland los pintó Minelli para la Metro Goldwyn Mayer. Clang clang, ding ding, zing zing.


2 – THE RONETTES – “Sleigh ride”
Y Leroy Anderson en trineo. Los villancicos siempre tienen un punto infantil, claro. Una aliteración navideña y cascabelera, jingling ring-ting-tingling, que Phil Spector puso en labios de las Ronettes. Pop! Pop! Pop!


3 – JOHN LEE HOOKER – “Boom boom”
Explota-explota-me-explo, explota-explota mi corazón! Que decía Raffaella. Pero en blues reposado en barrica. Un taquicardia mítica.


4 – SERGE GAINSBOURG – “Comic strip”
Brigitte y Serge jugando a las viñetas. Ríete tú del Batman de Adam West. Un festival: Shebam! Pop! Blow! Wizz!


5 – APRIL STEVENS – “Teach my tiger”
Ultra-lounge felino. Ronroneos de alta insinuación sexual que erizan el lomo como Eartha Kitt. April Stevens en celo.


6 – NANCY SINATRA – “Bang bang”
¿Todavía jugando a vaqueros de mayores? Quentin lo vio clarísimo: a Bill había que matarlo con canciones pop como ésta. Aunque también podía haberse puesto más latino e incluir esta otros disparos de Joe Cuba.


7 – VAINICA DOBLE – “Coplas del iconoclasta enamorado”
Qué brujillas. Y qué mala leche. La Santonja y la Van Aerssen disfrazando de encanto el humor negro español.


8 – LOU REED – “Animal language”
¿Tú eres de perros o de gatos? Del lado de los maullidos, entre otros, están The Cure o Lee Scratch Perry; y del de los ladridos, Gorgy’s Zygotic Mynci y Jon Spencer con Rufus Thomas (aunque eso son cacareos, claro). Lou Reed le da a pelo y a la lana.


9 – PATTI SMITH – “Gloria”
Ding dong ding dong ding dong ding dong ding dong ding dong ding dong ding dong! Patti enloquecía a campanazos con la excusa de Van Morrison.


10 – JONATHAN RICHMAN & THE MODERN LOVERS – “I’m a little aeroplane”
Este niño-hombre ha sonado como el timbre del carrito del helado, como un insecto, como un bebé de dinosaurio o como un avión. Ñiiiaooo!


11 – THE CRAMPS – “Human fly”
Serie B de la buena. Entre Kurt Neumann y David Cronenberg, entre David Hedison y Jeff Goldblum, estuvo Lux Interior.


12 – THE BEAT – “Click click”
Antes que Bishop Allen, los siempre magníficos The Beat ya dispararon fotografías como posesos. Y más rápido. Fasterfasterfaster…


13 – KRAFTWERK – “Boing boom tschak”
¿Frialdad robótica? Uno de los temas más juguetones y divertidos de los genios alemanes.


14 – MISSY ELLIOTT – “Work it”
El link que une “El tamborilero” con “Boom boom pow” de Black Eyed Peas o “Blah blah blah” de Ke$ha. Missy, lengua de colibrí.


15 – LES SAVY FAV – “What would wolves do?”
Y ¿el link que une “Lobo hombre en París” de La Unión con, ejem, “All my friends” de LCD Soundsystem? Auuuuuuhhhhh!

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