“La hermandad de la Biblia Perry”

Qué burro es. Nicholas Gurewitch empieza todas su tiras cómicas prometiendo jejeje y las acaba en jojojo. Es decir: empieza sus chistes apuntando hacia cierta complicidad pícara y los remata con un ¡halaaa, cómo se ha pasado! Lo suyo es muy negro y muy enfermo. También muy extraño y muy malrollero. Da igual que los gags impliquen a flores, animalitos, libros, niños, marcianos, unicornios, muñecos, gominolas, angelitos o esquemáticos seres humanos de color blanco: la broma siempre va a bordear, a menudo con efectos devastadores, lo macabro, lo pornográfico, lo incorrecto, lo escatológico o lo terrible e inesperadamente triste. Sí, es un cafre. Y es excepcional, claro.





“La hermandad de la Biblia Perry”, la recopilación de tiras que empezó a publicar en el Daily Orange de la Universidad de Siracusa y saltó al New York Press, The Chicago Reader o The Guardian (editada en España por Astiberri), es uno de esos libros de humor gráfico que se leen con sorpresa y estupor, se releen con carcajada abierta y codazos y se regalan como si fuera una caja sorpresa de las de muelle. Ya verás cuando lo abra, ya…

Hay tres cosas de Nicholas Gurewitch que me tienen to’ loco. La primera es su estilo gráfico: es alucinante como va progresando, ampliándose, mutando y adaptándose a las exigencias plásticas de cada chiste en función del género que intenta parodiar/envenenar (a veces, incluso homenajea explícitamente: a Crumb, Blake, Gorey o Larson). Es como si no tuviera estilo ninguno o los tuviera todos a la vez. Muy flexible, muy versátil y, siempre, muy ajustado. La segunda, y ligada a la anterior, es la capacidad que tiene de abrir y cerrar un universo propio en apenas tres, cuatro viñetas. Unas veces utiliza iconografías conocidas y compartidas por todos y otras se inventa su propio marco de referencia. Y la tercera es su métrica del gag: teniendo en cuenta que los buenos chistes tienen siempre algo de matemáticas y algo de poesía (no puede sobrar ni faltar una palabra, el orden de los factores es importantísimo, el ritmo ha de estar muy estudiado…), Gurewitch a veces da la sensación de que se salta pasos en el camino del set-up al punch. Sus elipsis son salvajes y, en una lectura apresurada, incluso crípticas o desconcertantes, casi como si planteara adivinanzas cómicas. No es humor de primeras, vaya. Pero, una vez se descifra el acertijo, hay que ver qué bien le funcionan todos los chistes al muy cabrito.


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No me gusta escribir gratis, pero mira...
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