“5 hours from Calais” + “Prayer”

Pero, ¿ha hecho Tom Verlaine algún disco flojo? Al frente de Television o en solitario, el espigado músico de New Jersey que cambió su apellido de cerveza de baja gradación (Miller) por el de un maldito francés siempre dota a sus canciones del grado de distinción necesario para nunca siquiera rozarse con la medianía. De la misma manera que nos conformamos con que algunos cantantes simplemente abran la boca para rendirnos, el timbre, el color y la interpretación de Verlaine a la guitarra obra esa misma maravilla en mí. Es oír, a veces simplemente intuir, cuatro de sus notas prestidigitadas o alguno de sus riffs asimétricos y ya me tiene. Ese sonido blanco, punzante, aseado, innegablemente urbanita, siempre con la saturación justa de electricidad es tan único y característico que a Verlaine lo reconocería metido en un saco.

Intolerante a la mitología guitar hero como soy, intento defender esta adoración argumentando que Verlaine toca con la cabeza, no con los dedos. Me interesan-apasionan las cosas que hace a menudo más por la ocurrencia que por la ejecución (en la época Television, muchas veces era el otro guitarrista, Richard Lloyd, el que tenía que llevar a término sus ideas interpretativas). Y me interesa-apasiona la destilación casi obsesiva de su estilo como instrumentista, ése con tan pocos padres (¿Sterling Morrison? ¿algo de Roger McGuinn?) y tantos hijos: Robert Quine, Glenn Mercer-Bill Million, algunas cosas Marc Ribot, Steve Wynn, Dean Wareham o Nels Cline (y en lo puramente estético, Thurston Moore y Stephen Malkmus, otros dos flacuchos-larguiruchos con appeal alternativo). Esta manera de entender el rock de guitarras casi como un ejercicio de geometría recreativa a veces puede ser acusada de excesiva limpieza, frialdad y intelectualización. Sí, bueno, vale, aceptamos barco. Pero, ojo, siempre que eso no implique falta de emoción. Sirvan como ejemplo estas dos alhajas de “The Wonder” (un disco que, sí, hace honor a su título):


“5 hours from Calais” y “Prayer” puede que sean dos de las canciones que más afectan mi humor, me las ponga cuando me las ponga. Siempre me estabilizan. Me equilibran. Si estoy demasiado subido de ánimo, me bajan hasta la alegría razonable; y si voy sobrado de melancolía, me empujan hacia el alivio deseado. Como Hernández (o Fernández), aún diría más: si me siento cutre, me hacen creer sofisticado; y si me veo elegante, me recuerdan que soy hortera. Un sortilegio el de este par de títulos que, lo reconozco, es muy posible que sólo se lo confiera yo y no sea un valor intrínseco. Así, a “5 hours from Calais” le veo también un reflejo de ensoñación afrancesada que me la hermana con “I’ve seen that face before (libertango)” de Grace Jones y, en realidad, quizá no se parezcan en nada. Lo mismo con “Prayer”: preñada de romanticismo estiloso como está, me la imagino cantada por Bryan Ferry en la última época de Roxy Music. Pero, de nuevo, igual esa verdad sólo sucede en mi cabeza, en mi pecho, en mi piel. Pero sucede.

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2 respuestas a “5 hours from Calais” + “Prayer”

  1. Alexandre dijo:

    Es curioso: al leer esos efectos que describes –el agradable atemperamiento anímico, el disfrute casi cerebral del ingenio y la originalidad de un músico, las cualidades cristalinas y geométricas de su sonido, tener la sensación de que el virtuosismo guitarrero sirve a veces a un fin más alto que el del puro pajilleo- he pensado que, en mi caso, esas cosas me las proporcionaba Felt. Y al hacer esa conexión y buscar un dato sobre ellos en la wikipedia, me ha salido que el grupo tomó su nombre precisamente de una canción de Verlaine. Vamos, que no es que con la conexión Verlaine-Lawrence descubra precisamente las sopas de ajo, pero me ha parecido que había comenzado la semana con una grata serendipia.

  2. ponkipons dijo:

    Hombre, Felt (los primeros), algunas cosas de Echo & The Bunnymen y algunas otras cosas de Vini Really no podrían ser más Verlaine.

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