Kraftwerk – “Europe endless”

La cosa empieza, y quizá también acaba, como un chiste: un inglés, una polaca, un alemán y un catalán entran en un bar de provincias del sur de Italia y… para ser un triste y lluvioso miércoles, a punto de jueves, pues no parece que vayan a cerrar en breve. Cosas de los festivales de cine: mal que bien, activan mínimamente por un breve periodo de tiempo la oferta de ocio de cualquier ciudad por mustia que ésta se acueste durante el resto del año. El caso es que los miembros de esta cofradía internacional de ex-desconocidos deciden aparcar durante un rato el fin que les ha unido durante una semana y se dejan de intrigas relacionadas con premios inminentes y boutades para intentar demostrar quién tiene el conocimiento cinematográfico más grande. La charla desabotonada ahora parece otra cosa… aunque en realidad puede que sea la misma: es un tanteo en busca de afinidades extra-cinematográficas, no sea que hablando de fútbol, de música o de comida fast-food resulte que es más fácil descubrir quién va a aliarse contigo en la deliberación del jurado que no abordando el tema de manera frontal. Así, las epifanías laterales demuestran que la polaca es más dura de lo que parece porque el amaro que riega esta conversación de medianoche sobre nada en concreto no le sabe a veneno, como a todos los demás. El alemán delata su falta de inquietudes off-cinema al no verse capaz de terciar en ningún tema que no haga pie en alguna película. El inglés revela su edad e inclinaciones hacia lo arty-extravagante al tararear las canciones de Talking Heads, Grace Jones o Soft Cell que incluye la lista de reproducción que trastea en un su MacBook Air el dueño del bar. Y el catalán se recuesta semi-autista en su asiento, quizá exagerando innecesariamente su estrategia de no dejar que se le escape una sola palabra de más, y contempla los pósters que cuelgan en las paredes del italo-bar de provincias: los testigos mudos de este contubernio europeo son Ian Curtis cabizbajo, Jack Skellington risueño, David Bowie de rubio estridente y el requetesobado cartel alargado de “Metrópolis”. Cuando el MacBook Air manda a los altavoces “Europe Endless”, juraría que Maria le ha guiñado un ojo robótico desde el póster.

metropolis

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