“Héroes de nuestro tiempo”

Por deformación profesional, aunque sobretodo por filiación, he admirado y envidiado a lo largo de mi vida lectora la capacidad analítica, la ambición narrativa, la perspectiva libre-pensadora, el espíritu crítico y la majestad periodística de Cyril Connolly, James Agee, John Berger, Susan Sontag, Ryszard Kapuscinski o… Santiago Segurola.

“Héroes de nuestro tiempo” me cayó para Reyes y ya me he metido tres cuartas partes del libro entre pecho y espalda. Es una gozada. La manera de Segurola de entender todas las dimensiones del deporte (los valores que entraña, la simbología de algunos acontecimientos, las micro-historias o macro-historias que mueven a algunos de sus astros…) es excepcional. Realmente ése es el papel de un analista-periodista: ver cosas que los demás ni siquiera intuimos. Por eso, él ha escrito durante 25 años (en “El País” o en “Marca”) sobre fútbol, sobre atletismo, sobre baloncesto, sobre natación o sobre tenis y yo… no.

Pero es que luego está lo de cómo escribe, claro. La soltura de su muñeca es prodigiosa. Y me gustaría subrayar este aspecto porque muchos de los textos recopilados en esta antología fueron escritos como crónicas para el día siguiente. A contrarreloj. Sin tiempo para embellecer, podar o reformular lo que se está diciendo. Y sin embargo, años después, siguen siendo textos que más que leerse se degustan. Cierto es que, como escribió mucho sobre fútbol, al final cuando engulles todos sus escritos del tirón le acabas pillando ciertos latiguillos, giros o recursos, sí. Pero también acabas advirtiendo algunas fijaciones, algunas debilidades y algunos ejercicios (quizá involuntarios) de tema y variaciones. Constantes de autor, vamos.

Cuando abordaba otros deportes, especialmente el atletismo, entonces ya era para descorchar el Moët Chandon. Recuerdo sus previas y sus crónicas de los Mundiales de Sevilla de 1999 como un acontecimiento periodístico de primerísima magnitud. Al menos a mí, me salvó aquel agosto. Esperaba el momento de ir al kiosco y abrir el periódico por la sección de deportes del día siguiente como si cada noche fuera la del 5 de enero. Recuerdo con particular cariño y devoción su texto sobre los 400 m. Sus explicaciones me hicieron comprender y amar una carrera que ninguneaba, quizá por no entenderla. Aún hoy releo ojiplático todo aquello del ácido láctico en la sangre que la convierten en la prueba atlética más dañina para el organismo del ser humano…

Recuerdo también, al margen del libro, todo lo que aprendí del fútbol y su Historia en su magnífica serie de televisión junto a Jorge Valdano para Canal +, “El partido del siglo”. Recuerdo que si José Ramón de la Morena anunciaba a los participantes del programa de esa noche y no decía su nombre, no me quedaba a escuchar “El larguero” (y si estaba, apagaba la radio justo tras su comparecencia). Recuerdo cuando le invitaba Gabilondo los lunes a “Hoy por hoy” y se despedía siempre con una canción; aunque no siempre comparta su gusto musical, le escuché poner “Waterloo sunset”, REM, The Flaming Lips, Nick Cave & The Bad Seeds y creo que también Pulp. Y recuerdo que hace unos meses hice un post sobre fútbol y literatura y no incluí “Héroes de nuestro tiempo”, sencillamente, porque no me lo había leído todavía. Si lo reescribiera ahora, sin duda estaría entre los 10 elegidos.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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6 respuestas a “Héroes de nuestro tiempo”

  1. Alexandre dijo:

    A mi me pasa(ba) con Joaquín Vidal y sus crónicas taurinas. Eran un dechado de fineza idiomática, humor, agudeza crítica, conocimiento de su disciplina, vislumbres acertadísimos y nunca pedantes de historia y cultura española, capacidad de ver lo que a cualquier otro se le escapaba y de convertir una crónica taurina en una cifra de otros acontecimientos sociales. Y de que incluso importándote más bien poco los toros como a servidor, las leyeras como los mandamientos de una religión.
    Pero lo que acojonaba de verdad es que la gran mayoría de esos textos se habían redactado entre la salida de la plaza y el cierre del periódico. Vamos a ponerle cuatro o cinco horas como mucho. ¡El don del relámpago era aquello!
    Piezas como esta (http://elpais.com/diario/1995/06/07/cultura/802476012_850215.html) en un ratillo. Yo todavía estaría limando, retocando, acercándome y a mucha distancia de nada que se le pareciera.

  2. ponkipons dijo:

    Muy de acuerdo con lo de Joaquín Vidal: era una pasada. Y eso que sus crónicas eran en jerga. Pero su mala leche y su exigencia crítica ya la quisiera yo para los billetes de opinión de otras secciones, tan preocupados por no enfadar a nadie. Recuerdo un texto suyo que empezaba así: “6 babosas salieron ayer al coso…” babosas?!

  3. ponkipons dijo:

    madre mía! el texto que has linkado es impresionante!

  4. Xavier Boneta dijo:

    Mestres tots: Segurola & Vidal; Pons & Serrano.
    Però no em va agradar l’època en que el fill de puta de l’Inda es dedicava a insultar i intoxicar dia rera dia des del Marca i ell escrivia al costadet des de la seva tribua honorífica com si la cosa no anés amb ell. Fa gràcia lo de l’àcid làctic (lactato per molts, que té més conya), que als 90 formava part indestriable dels recursos de l’analista esportiu i que ara en canvi molts estudis posen en entredit que existeixi o que afecti com llavors es va dir que afectava.

  5. Alexandre dijo:

    Un detalle más, Joan: parece que Vidal escribía sus crónicas en un garajillo que tenía alquilado cerca de Las Ventas. Le imagino escribiendo estas crónicas bajo una luz de bombilla pelada y calor subterráneo y todavía me parece más increible que en sus escritos haya tanta amplitud de vida y tantos registros en danza.

    Xavi, jo també li vaig perdre llei al Segurola quan va marxar al Marca (bé, ja abans, la seva etapa de director de cultura a El País no era res de l’altre diumenge). No sé si va ser ingenu pensant que el deixarien convertir el pamflet en un diari seriós i il·lustrat o senzillament va decidir que li compensava el sou que hi guanyaria. Hi ha constància, això sí, que la relació amb Inda era nefasta. Ara no el segueixo gaire, principalment perquè sempre escriu del Madrid. Però faré, una vegada més, cas del Joan i m’acostaré a veure si tenen el llibre a la biblioteca.
    I d’això del “lactato” en parlem un altre dia. Al ciclisme s’ha fet servir ad nauseam per explicar certs prodigis inversemblants. Contador i Armstrong, per exemple, “lavaban muy bien el lactato”. El rellom de vedella no hi tenia res a veure, segons sembla.

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