Mis problemas con la animación

En realidad, el título de este post tendría que ser “Mi romance con la animación” o “Como me flipan los dibujos animados” o “Tú estrena cualquier mierda animada que yo vendré a verla”. Pero, como últimamente esta rendición incondicional se me ha empezado paradójicamente a condicionar, pues mira, exorcizo aquí mis dudas. A ver si me aclaro yo mismo.

Todo empezó con “Brave”, y eso que venía con D.O Pixar. Reconociendo que es una bomba lapa en los bajos del asquerosísimo universo de princesas Disney, a esa película le faltaba un céntimo, quizá más, para el euro. Algo no chutaba. ¿Le faltaba humor comparada con otras pelis Pixar? Probablemente. Pero mi problema no era ése: la imaginería de leyenda celta-vikinga ya me la sabía. Y me la sabía precisamente en animación: “The secret of Kells” y “Cómo entrenar a tu dragón”, magníficas las dos cada una en su estilo, me la habían enseñado. Así que el universo estético de “Brave” para mí ya era un campo trillado. Ergo: menguaba la capacidad de seducción plástica del film.

Con “El alucinante mundo de Norman” me sucedió algo parecido. ¿Más zombies? ¿Otra vez look gothic-cute? Igual es que mi ojo ya está en exceso resabiado y para el público natural de esta película ese “alucinante mundo” es realmente nuevo… y realmente alucinante. Para mí no. Y vuelta la mula al trigo: más allá de lo resultón de la historia, el aspecto de la película me parecía requetesobado. Por cierto, una curiosidad: ¿Norman no es una versión en pequeño del jugador del Real Madrid Callejón pero según el libro de estilo de Norman Rockwell?

Y con “Rompe Ralph”, tres cuartos de lo mismo. No la disfruté tanto como esperaba por varios motivos. Para empezar, el personaje de la niña repelente es en verdad annoying; y eso quiere decir que está demasiado minutos en pantalla teniendo en cuenta su insoportabilidad (como si Jar Jar Binks hubiera salido una hora entera de película, para entendernos). Segundo: el film apunta unas posibilidades creativas que desaprovecha, ¿cómo se reduce todo al crossover de sólo tres vídeo-juegos pudiendo ser muchos más? ¿De verdad no se han querido dar (no nos han querido dar) ese festín audiovisual? Y por último, de nuevo la falta de un imaginario propio: coño, que el mundo ese de gominolas y dulces tan girly es el mismo que Chuchelandia de “Hora de aventuras”, pero con menos locura y más empalague. De John Lasseter (que sí, que incide en su temario sobre la toma de conciencia de la identidad en sus personajes y, que sí, que arma muy bien las tramas) yo espero más.

En realidad, mis problemas con estas tres películas son el mismo: si la animación es una herramienta ideal para crear universos nunca antes vistos, ¿por qué se empeñan en calcar y repetir imaginarios ya conocidos? Con la de mundos que quedan por inventar…

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Una respuesta a Mis problemas con la animación

  1. gon dijo:

    A mí ya me pasó algo parecido con “Toy Story” (la primera, de 1995). Me recordó tanto tantísimo a “The Christmas Toy” (1986) de Jim Henson , que no la disfruté.

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