Holy “Holy motors”

holy motors leos carax

Como suelo seguir el dictamen de la obligación antes de la devoción, este blog-hobby ha estado en barbecho una temporada. Pero la ocasión creo que merece que quite la pausa. Y es que el viernes vi “Holy motors” de Leos Carax. Desde “Inland Empire” de David Lynch o “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas” de Apichatpong Weerasethakul creo que no veía una película tan libre, tan extrema, tan valiente y tan chalada. Porque no suelen abundar las obras (y aquí ya no hablo sólo de películas) que te pongan como espectador entre la espada y la pared. Y “Holy motors” te planta cara desde el segundo uno. Un film hiper-creativo y manicomial que funciona como un aspersor de ideas y sensaciones ante el que debes decidir si te están tomando el pelo, si todo vale en el todo vale o si te están haciendo participe de una experiencia única.

Todos los elementos que en otras películas te sacarían del film, en “Holy motors” te arrastran hacia adentro: subrayados del yo-autor, paridas humorísticas que serían salidas de tono si no fueran también parte del tono, idas de olla sobre-producidas, giros y derrapes narrativos imprevisibles (¿verosimilitud? ¿qué es eso?), imágenes de choque, blablabla… Todo muy caricaturizable como cierto cine de autor, como cierto cine arty y como cierto cine francés (en la línea de este mítico sketch de “Monkey dust”, vaya).

leos carax holy motors

Que esta película no me resulte, al menos a mí, un indigesto tótum revolútum de ocurrencias y quedadas fruto de la creatividad onanista de Leos Carax, se debe seguramente al alto poder de sugerencia, iconicidad, pregnancia y cinegenia que irradia “Holy motors” (en eso, la película no puede ser más buñueliana). En su desafío oigo discursos sobre el viejo cine y el nuevo cine, sobre el final de la esclavitud temática, narrativa y estética, sobre las máscaras de todo individuo, sobre las vidas que nunca tendremos, sobre el fantasma de la normalidad, etc… “Holy motors” blande la erótica de la inabarcable, sí. Es el tormento, es el éxtasis y es el espectáculo de la imaginación. Carax, al que tanto había adorado con “Boy meets girl”, “Mauvais sang” y “Los amantes de Pont-neuf” y tanto había soslayado con “Pola X” y el episodio “mierdoso” de “Tokyo!” (ambos títulos a revisar ahora con otros ojos), vuelve a ser aquel Carax. Un grande del cine actual.

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No me gusta escribir gratis, pero mira...
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