“Hora de aventuras”

Ya tenía demasiados amigos que eran fans como para no haber visto nunca “Hora de aventuras”. ¿Qué les atraía, que les convencía, qué les fascinaba de esta serie? ¿Era sólo una desviación del paladar adulto hacía un producto de sabor abiertamente infantil acaso motivada por un rasgo de personalidad aniñada? ¿O es que realmente la serie de Pendleton Ward tenía realmente un appeal que desbordaba su condición de ficción para críos? Vista la serie (o al menos, varios episodios de ella cazados de chiripa en Boing) ya lo entiendo todo. Ésta es una propuesta excepcional regida por una única norma: la de la híper-creatividad. De la misma manera que las primeras temporadas de “Bob Esponja” eran un vergel de ideas locas, “Hora de aventuras” es un no parar. Si la función principal de toda serie infantil, entre otras, es la de disparar la imaginación de sus espectadores, esta ficción no puede estar más llena de imputs. Es una celebración de lo imposible, de la fantasía, de la sorpresa. No hay una sola trama, ni siquiera un sólo lance, que no se plantee y se resuelva de la manera más insólita, pasándose a menudo por el forro la lógica causa-efecto. Y esto me hace pensar en un texto que una vez le leí a Sánchez Ferlosio en el que contaba como sus hijos se engancharon a una obra de marionetas con la que se toparon por casualidad en el Retiro. Estaba empezada, no sabían quienes eran los personajes, ni cuáles eran los conflictos. Pero en seguida estaban riendo y disfrutado como los que más de la representación. Porque detectar y apreciar el patrón del storytelling clásico es una idea adquirida que llega con la educación. El imán principal de cualquier representación y los estímulos que provocan la emoción, pues, no penden de necesariamente de una trama ordenada según planteamineto-nudo-desenlace, sino de otra cosa. Que esa otra cosa sean los colores, los actores, las músicas, los dibujitos o el todo general ya es algo más difícil de determinar… pero se sabe. O al menos, mis amigos fans y yo lo hemos sabido al ver “Hora de aventuras” igual que lo sabemos siempre que vemos una de Miyazaki.

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