Milú para Milo

Milú

Yo sólo buscaba un peluche de Milú, el perro sidekick de Tintín, para regalárselo a Milo, el hijo recién nacido de Marta y Abel, por la gracia que me hacía la aliteración de un presente listillo: un Milú para Milo. Así que entré en una juguetería en Córsega-Roger de Llúria, cantonada mar-Besós, porque la pegatina en el ángulo izquierdo del escaparate de la tienda me prometía merchandising de Hergé oficial.

Segundos después de silenciarse el eco mínimo de la campanilla que anunció mi entrada en la tienda, apareció por la puerta tras el mostrador un señor dependiente de unos 70, quizá 80 años, con gafas bifocales, parajita, camisa de rayas y manguitos (bueno, los manguitos ya creo que se los añado yo por mero pintoresquismo). El yayete en cuestión me recomendó el Milú mediano. El grande tenía que ser ya un peluche sentado porque las cuatro patas ya no aguantaban el peso y “el nino fa més goig si està dret”. También me remarcó que era una pieza avalada por Moulinsart, con su carnet identificativo y todo, y que junto al cohete de “Objetivo: la luna” tamaño mesa de despacho, era el producto tintinero con más salida. “Ah, pues también lo tengo. Pero ése me lo regalaron a mí, no lo regalé yo” tercié. “Yo lo he regalado muchas veces” dijo. “”Para un compañero de trabajo, el cohete es lo mejor. Para alguien que es un poco más coleccionista, entonces ya un muñequito de cerámica y goma de alguna aventura de Tintín”. “Pero esos ya los debe de comprar menos gente, ¿no?”. “Bueno, no te creas, si eres coleccionista como yo… Mira, yo cada vez que iba a Bruselas le traía uno a mi hijo, aunque en realidad era para mí”. “¿Y tenía que ir mucho a Bruselas?”. “Una vez al mes…”. “Ah…”. “Yo es que trabajaba en política europea. Trabaja aquí mismo, al otro lado de la acera”. “Anda…”. “Sí. Y cuando mi mujer quiso abrir una tienda, para no aburrirse, pues pusimos aquí mismo la juguetería, en frente”. “¿Y ahora ya no va más a Bruselas?”. “No, cuando mi mujer y mi hijo murieron en un accidente de tráfico dejé el trabajo y decidí quedarme yo en la juguetería” ….

Este giro inesperado en la charla me dejó mudo. No supe ni qué decir ni qué cara poner durante unos segundos largos. Al final, articulé un ” “vaya, lo siento mucho” con sordina que el señor rebajó con un ” “hace muchos años ya… ¿te lo envuelvo para regaló, entonces?”. “Err… sí…”. “Mira, la caja con la que viene también es de coleccionista oficial”

Hace un para de semanas volví a pasar por delante de la tienda de Còrsega-Roger de Lluria, cantonada mar-Besós. Cuatro tipos con mono de trabajo estaban desmantelándola . Ya apenas quedaban cuatro paredes desnudas, tres estanterías peladas, dos repisas a medio quitar y un mostrador vacío. Algo se anudó dentro de mí. Y si no hubiera sido por la pegatina de Moulinsart que todavía resistía en el ángulo izquierdo del escaparate, quizá hubiera dudado de si alguna vez había habido allí una juguetería, aquella juguetería.

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3 respuestas a Milú para Milo

  1. Abel dijo:

    Joder, Joan. Se me han negado los ojos tres veces. Lo que sería un San Pedro.

  2. Cristina dijo:

    Joan, tengo una pregunta para ti. Estoy volviendo a ver The Wire y ayer en un capítulo de la cuarta temporada me topé con un homenaje a “La noche se mueve” de Arthur Penn. Recrean/calcan una escena con diálogo incluido (“-Who´s winning? -Nobody. One side is just loosing slower than the other”). “La noche se mueve” es una de mis películas fetiche y me hizo mucha gracia el guiño que le hacen en The Wire. Lo curioso es que la primera vez que vi la serie se me pasó totalmente por alto. Estoy pensando que debe haber otras referencias cinéfilas en The Wire que se me han pasado por alto o que no conozco, ¿recuerdas alguna?

    PS: Yo tengo un Milú de plástico

  3. Josep dijo:

    Holas, no sé si el blog sigue activo y/o sí habéis sabido más noticias de la tienda
    Solo escribo para decir que sigue abierta, pero en la acera de enfrente, “banda Llobregat”
    Lo que no sé si sigue el dueño al mando
    Un abrazo

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