¿Qué hacéis que no veis “Justified”?

Me reconozco muy intolerante con las series mal dialogadas. Me cuesta mucho soportar los diálogos puramente funcionales al servicio de la narración, las plantillas de chistes pautados de las sitcoms clásicas o las frases en boca de personajes que explican qué están haciendo, qué están pensando, qué están sintiendo (porque, por ejemplo, “Pérdidos” tendría muchos misterios, pero la escritura de sus diálogos era de una sobre-explicación paupérrima). Hay excepciones, claro, pero en general este escollo lo salvo con mucha dificultad… o directamente no lo salvo. En la otra cara de la moneda, por eso, están las series que a poco que tengan un mínimo de brío, ingenio, particularidad o atrevimiento para colar una frase subordinada ya se lo perdono casi todo. “Justified”, que ya va por su tercera y estupenda temporada en FX (en España, en Calle 13), es el epítome de esta segunda categoría.

Serie de gatillo fácil y macarradas más fáciles todavía, “Justified” dispara réplicas y contrarréplicas de alto calibre. Si soy de los que cree que no hay ninguna historia mejor dialogada que “El largo adiós” de Raymond Chandler y se me escapa una risa boba a cada punch de Mickey Spillane, no puede no gustarme el carnaval de memorable quotes que es cada episodio de esta serie. Cada respuesta que sale de debajo del sombrero del ultra-violento U.S Marshall Raylan Givens o de su némesis, el turbio maleante Boyd Crowder (magnífico Walton Goggins), es canasta de tres puntos o, en su defecto, un tremendísimo alley-oop. La erótica del borderío machito. Ese estilo de réplica vacilona y sobradísima acuñada por el cine de acción 90’s se combina, además, con la acritud y el cinismo de la escritura de Elmore Leonard, autor de “Fire in the hole”, el relato que se adaptó en el piloto, y garante de la excelencia de toda “Justified” en calidad de productor ejecutivo.

Hay veces que me siento tan alegremente sucio, bruto y viril viendo “Justified” como un espectador de “Walker, Texas Ranger”, jaleando los mamporros, disparos y abusos verbales de Tim Olyphant (que está bastante mejor que en “Deadwood”) como mi padre vitorea los de Chuck Norris. Eso sí, aquí los andamios dramáticos y audiovisuales tienen otra envergadura. Cada secuencia está montada en staccato, y ahora no hablo sólo del texto, también de la puesta en escena y el montaje. Además, las tramas horizontales se cuecen a fuego lento, evitando giros sorpresa gratuitos o topicazos. Sirva de ejemplo la gloriosa segunda temporada: pocos villanos más inopinados que Mags Bennet, la mama sangrienta encarnada por Margo Martindale (maruja fetiche de Alexander Payne), o Arlo Givens (el progenitor del marshall protagonista: ¡el padre que lo parió!) me he encontrado yo en la pantalla de mi televisor. Pero es que los márgenes de Harlan County son un pandemónium redneck habitado por personas que llevan toda su vida instalados en la i/alegalidad. Muy mala gente = muy buena ficción.

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