Recuerdos primaverales (y 3)

¡Y 3!, que mañana me temo que ya no voy a estar para estas cosas….

Hoy reparo en el póker de mitos rescatados por el Primavera Sound que tuvo lugar el año pasado mismo. Una oportunidad de reparación histórica en bandeja. No eran algunas de ellas primeras visitas, vale, pero ver a estos cuatro titanes juntos en un sólo fin de semana es algo que no pasa ni en todos los sitios, ni todos los días, ni todos los meses, ni todos los años.


Suicide
Cuando Alan Vega, 74 años, que se dice pronto, no estaba delante del micro, si atendías bien a las pantallas o estabas cerca del escenario, podrías verle mascullar palabras para él mismo, gritar de manera sorda, insultar a su público quizá. Estaba poseído. El fantasma del rock’n’roll invocado por las canciones monocordes de su imperecedero debut. Una bola de fuego. Una bola de mugre. Ellos dos parecían dos macarras a los que la vida ha tratado mal, fatal. Todavía únicos. Actitud.


Pere Ubu
Cuando David Thomas, que años ha ya había dado un señor concierto en el mismo PS junto a los Two Pale Boys, se sentaba a apuntar con pies de página hablados las canciones del imperecedero “The modern dance”, se le podía ver entre enfurruñado y guasón, rindiendo tributo a sí mismo, parodiándose a sí mismo. A su alrededor, los miembros originales de Pere Ubu parecían lo que eran: lugareños de Cleveland que tienen una banda por casualidad, por excentricidad. A saber qué debe tener el agua de Ohio, que a ellos les hizo ver músicas años antes de que las viéramos los demás. El pre-punk, el punk y el post-punk letrado. Todavía únicos. Actitud.


PIL
Cuando John Lydon, siempre mucho más listo que tú (mírale los ojos), no es Johnny Rotten, se le puede ver con una pose muy distinta en el escenario. Híper-concentrado, nada histrión, serio, intenso. Frases insitentes y alucinadas, líneas de bajo pantagruélicas y rítmica inesperada con denominación “Flowers of romance”. Que no, que no son canciones de amor. Son misiles tierra-aire lanzados desde el bunker del imperecedero “Metal box”. Todavía únicos. Actitud.


Swans
Cuando Michael Gira, apóstol del paganismo folk cuando toca en solitario, sacerdote de ritos profanos rock junto a Swans, notaba que sus canciones subían (y eso que ya empezaban muy arriba), se envalentonaba y jaleaba a la banda para que todavía dieran mucho más de lo que estaban ofreciendo. Quería llevarlos, quería llevarnos, al límite. Desfondándose, desfondándonos. Música extrema. Un magma de sonido. Ni media concesión. Las canciones del reciente “My father will guide me up a rope to the sky” sonaban tan imperecederas como las de “Children of God”. Todavía únicos. Actitud.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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