Mis My Bloody Valentine



Aquí vivía yo. En esa nebulosa en la que no se puede estar seguro de qué es cacofonía extrema y qué armonía absoluta. En las brumas de los acantilados de My Bloody Valentine se adivinan rasgueos perezosos, voces con relieve de psicofonía, melodías sólo al alcance de la intuición, quizá de la ensoñación, nunca de la certeza. Ruido y furia a través de un cristal empañado. ¿De qué instrumentos salen esos sonidos? ¿Son todo guitarras? ¿Cuántas hay? ¿Y pedales? ¿Y capas? ¿Y mezclas? Una guitarra se funde y encadena con otra que se funde y encadena con una tercera que se funde y encadena con otra más… y así. Audacia y escalofrío, enigma y belleza. En caída. En espiral. Sin limites.

Sí, ahí vivía yo. “Isn’t Anything”, “Loveless” y los EPs que van en medio, todos ellos reeditados ahora tras años de plegaría, me hospedaron, aunque mejor sería decir que se me tragaron. Los vuelvo a escuchar hoy y recuerdo el cautiverio 1988-1991 como si en realidad fuera un magisterio. El tránsito liberador que llevó a My Bloody Valentine a desdibujar los contornos de su música me enseñó. Como en el bolero, Kevin, contigo aprendí: a no pedirle a una canción que siempre tenga hechuras de canción (exigir siempre arquitectura y atributos de pop clásico a músicas que no lo son es un error en el que caemos todos demasiado a menudo), a disfrutar del hecho de no saber si una música es triste, alegre, las dos cosas a la vez o ni una ni otra (¿acordes mayores? ¿acordes menores?), a no pensar que el ruido es sólo ruido y la distorsión es sólo distorsión, a descubrir que un estimulo abstracto y difícil de describir depara respuestas también abstractas y difíciles de describir, a descifrar porque el rock tiene que dejar de ser rock para seguir siendo rock, etc, etc, etc…

Paso de ponerme ahora a buscar las siete diferencias entre las grabaciones originales y las reediciones actuales, entre la mezcla que regalan los bonus disc y la que escuché en su día (aparte, se ve que hay lío). Tampoco quiero enzarzarme en digresiones sobre, qué sé yo, Glenn Branca, Spacemen 3, Flying Saucer Attack o Sofia Coppola. Ni intentar explicar, no sabría cómo, la experiencia estremecedora que fue verles en directo en la reunión del 2008. Sólo quiero ponerme los Ep’s y álbumes de nuevo, subir el volumen y dejarme raptar otra vez por unos discos que cambiaron para siempre mi manera de percibir, aprehender y disfrutar la música.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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