Tres libros en una maleta

En realidad, en la maleta que me traje de vuelta de Buenos Aires había más de tres libros. Llevaba páginas suficientes como para abocarme a un percance aduanero, llegué a temer. Pero si destaco estos tres libros en particular es porque los tres son de autores argentinos que desconocía antes de mi estancia porteña. También porque, aunque no os lo creáis, escucho y suelo hacer caso de cualquier recomendación que me hagáis. Así que si en medio de una charla empapada en Schneider (mejor que en Quilmes), salen los apellidos Fogwill, De Santis o Casas, yo al día siguiente me voy de librerías, que en Buenos Aires es un gustazo, y me los pillo.

“Los pichigiegos” es cosa seria, es cosa única. Una insólita ficción sobre la guerra de las Malvinas escrita por Rodolfo Fogwill mientras duraba el conflicto. Un grupo de desertores del ejercito argentino dados por muertos se esconden en un hoyo-trinchera de las islas a esperar que termine la guerra mientras mercadean con víveres e información traicionera. Nieve y barro, descreimiento y disciplina atávica, literatura kamikaze y alegoría incómoda. Si “Trampa 22” es bueno, éste es mejor.

De Fabián Casas, que en España edita Alpha Decay, ya he decidido que me voy a leer todo lo que pueda. “Los Lemmings y otros” me recordó, de saque, al mejor Casavella por su viveza, alegría creativa y atípico costumbrismo. Los ritos de paso a la edad adulta en el barrio bonaerense de Boedo que relata me resultan similares a otros peajes iniciáticos de la adolescencia de otras muchas obras. Pero al estilo entre ¿el cuento? ¿la lírica en prosa? y ¿la novela? como Fabián Casas me presenta estos contenidos no le encuentro yo par. Ganazas tengo de entrarle ya a la antología poética que publicó en un librito precioso la editorial Eloísa Cartonera.

Lo de Pablo De Santis es más, digamos, literatura comercial. Más literatura de entretenimiento. Más literatura popular. Pero, ante todo, es literatura. “Los anticuarios” es otro libro sobre vampiros. Uff, ¿más chupasangres? Pero, ¿queda algo nuevo o diferente qué decir? Pues parece que sí. En este caso, los vampiros moran y regentan las librerías de viejo de Buenos Aires, una ocurrencia que no podría ser más lógica: ¿quién mejor que ellos, que surcan océanos de tiempo, para preservar la memoria literaria? La próxima vez que pase por delante de una tienda de anticuarios o me tope con la fira de brocanters ya me fijaré en si los dependientes se esconden o no del sol. Un disfrute de libro.

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No me gusta escribir gratis, pero mira...
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