The Pogues + “Brendan Behan’s New York”

Que The Pogues sólo tenían dos tipos de canciones, las de borrachera y las de resaca, es una afirmación que suelo atribuir, no sin alguna duda, a mi primo Ricky, quizá porque es muy fan del grupo… y quizá porque, si de verdad lo dijo en algún momento, así iríamos los dos de alegres que no lo recuerdo con exactitud. En cualquier caso, razón no le faltaba: en el temario de The Pogues están las canciones que exageran las emociones, las que sean, tal y como se subliman durante una borrachera y están las piezas que funcionan como un recuerdo doloroso de esas emociones. Tanto las composiciones de una categoría como las de la otra siempre me ponen firmes ante el grupo del gran Shane MacGowan (carisma, entre otras cosas, a litros).

Piratas, forajidos, hermanos del celtic soul y punks del S. XIX si en el S. XIX hubiera habido punks, The Pogues han sido un grupo mucho más letra-herido e intelectualizado de lo que sus populares y quemadísimas charangas y villancicos han parecido dar a entender (chequead la inagotable web www.poguetry.com). Fue Nick Cave quien dijo que las mejores primeras frases del rock han salido de la pluma de MacGowan. Y en la discografía del grupo abunda la cita cultivada: Joyce, Géricault, Dickinson, Coleridge, Lorca… y, Brendan Behan, por supuesto.

Mirad la pinta de Behan en la foto: el escritor irlandesísimo (bebedor homérico, implicado hasta las trancas en el IRA, brutote sentimental y patriota errante) ya se acredita simplemente por su aspecto como ascendente directo de la banda. Pero, aunque The Pogues ya habían adapatado “The auld triangle” en su disco de debut, no fue hasta que leí “Mi Nueva York” que no se me reveló la clara conexión genealógico-espiritual.

Aunque hay millones de obras, buenas, regulares y malas, sobre las impresiones extranjeras de literatos en Nueva York (mi favorita se encuentra en “Ocnos” de Cernuda), el libro de Benhan tiene la sensibilidad del tipo al que no se le presupone sensibilidad, la agudeza observacional del extraño que se sabe fuera de sitio y el talento de quien logra traducir la sofisticación y la complejidad de un entorno nuevo en una narrativa de sencillez proverbial. BB se siente del lugar, sintiéndose de fuera. Encuentra Irlanda en NY. Y se encuentra a él.

“Bailar siguiendo los pasos de Brendan Behan” cantaban The Pogues en “Thousands are sailing” (letra de Phil Chevron). Así que, durante mi lectura de “Brendan Behan’s New York”, no podía evitar encajar todas las palabras del escritor en esa melodía que acompaña a “Thousand are sailing/ again across the ocean/ where land of opportunity/ draws tickets in a lottery”. Y así encontré a Behan, a The Pogues y a Irlanda. Todos estaban en NY.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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