“Momentos Larry David”

Empecé a contener mi entusiasmo respecto a la serie de Larry David en algún punto perdido entre la cuarta y la quinta temporada. Cuando el guión de cada capítulo comenzó a parecerme un formulario rellenado con más o menos chispa, con más o menos mala leche, se me arrugó la gracia. Le vi los hilos a la marioneta. Eso no quita, que Larry aún siguiera protagonizando algún destello intermitente de talento televisivo como el de aquí abajo, puro slapstick contemporáneo:

Durante las tres primeras temporadas, por eso, “Curb your enthusiasm” fue una serie admirable y rompedora que me dejaba a menudo con la mandíbula colgando. Su escritura abierta a la improvisación (capítulos sólo escaletados, no guionizados), su sentido de la vergüenza ajena tan del post-humor, su planteamiento de falso docu-show y/o falsa ficción desde el YO… Todo brillaba. Capítulos míticos como el de la cabeza de la muñeca o el de Krazee-Eyez Killa podría verlos mil veces y siempre me romperían de risa.

Pero, por encima de sus decisiones formales o narrativas, el show de Larry David me vencía por el fondo. Si los mejores episodios de “Seinfeld” ya reposaban sobre conflictos de vacío social, toda “Curb your enthusiasm” giraba alrededor de esas situaciones de la vida ¿civilizada? en las que no hay nada escrito sobre cuál es la pauta correcta de comportamiento… pero la hay. “Te invito a mi fiesta de cumpleaños pero no hace falta que traigas nada…”, “Aquí no hace falta dejar propina”, “Stop and chat”, blablabla…

Todos vivimos casi a diario “Momentos Larry David”. A la que me intento saltar las normas del protocolo bienqueda (“¿Debo compartir conversación en este viaje de tren con alguien que es sólo un conocido y no un amigo? ¿Saco el libro y me pongo a leer o no?”), a la que ofrezco resistencia individualista a algún rito social que se me antoja absurdo (“Yo es que nunca me disfrazo para carnaval… ni para otras chorradas”) o se me pasa por la cabeza plantar cara a alguna ley de convivencia marcada por la dictadura de la supuesta urbanidad (“¿Dejo pasar en la cola del súper a este chaval que sólo lleva unos pastelitos Círculo rojo?”), me noto Larry David. Cascarrabias, aguafiestas, malasombra y otros hermosos calificativos compuestos. En la mayoría de ocasiones, pero, sólo lo pienso y no lo hago, claro, que esto es la realidad, no la ficción. Pero entonces es cuando celebro que alguien tan lúcido como Larry haya sido capaz de detectar estos síntomas de neurosis colectiva.

Porque, a veces, todos somos Larry David.

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No me gusta escribir gratis, pero mira...
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Una respuesta a “Momentos Larry David”

  1. Clara dijo:

    Todos domos Larry David!!!! Muy muy a favor… Yo también creo que pegó un bajón a mitad de la serie (4 temporada o así)… Pero es que solo por algunos de los momentazos que te da… ya vale la pena todo!!!

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