“Das Boot”

Pantalla de verde turbio. Poco a poco, se empieza a intuir una forma abstracta que se nos encima. A medida que se siluetea, vamos descubriendo que se trata de un submarino… ¿o es un animal prehistórico?. Pasa la quilla, pasa la panza, de este engendro mecánico como pasaban las naves imperiales de “Star wars”. Acto seguido, vemos como el coche de unos oficiales de marina del ejercito alemán de III Reich es, primero, obstaculizado por un soldado cuya borrachera ya ha avanzado hasta el cántico y, segundo, importunado por otros marineros que, directamente se mean desde el badén del camino sobre el auto. Si el capitán de submarino que viaja de pasajero en este coche disculpa esta dorada insubordinación y tolera además el desmadre de su tripulación en la fiesta caberetera y decadendista a la que se dirigen, es por pura mano izquierda. Sabe que a partir del día siguiente le esperan meses de claustrofóbico confinamiento junto a todos estos hombres a bordo del U-96. Por eso, priman las leyes de la convivencia por encima de las de la disciplina.

“Das boot” es una película a la que le falta oxígeno por todas partes. Si ves el director’s cut de más de 3 horas de Wolfgang Petersen, hacia la mitad estás por salir al balcón de casa a pillar aire a bocanadas. Como los personajes, tú también crees que a lo largo de la película te está creciendo la barba, se te está enrojeciendo la esclerótica, te han empezado a colgar ojeras y no puedes parar de sudar. Tú también convives con ellos.

Aún perteneciendo al género bélico, “Das Boot” tiene más concomitancias con las aventuras marinas de Joseph Conrad o, incluso, con los relato de tripulaciones flotantes en el espacio. También es altamente Hawksiana: profesionales desempeñando su trabajo en condiciones adversas, la mayoría de ellas sugeridas fuera de plano. Porque las batallas en está película no son nunca un pie de entrada para el espectáculo; si acaso, para el espectáculo de la narrativa. El peligro en “Das Boot” se vive observando a un grupo de personas que transpiran en silencio mientras escuchan la amenaza de un sónar enemigo, el lamento de las junturas de su habitáculo submarino bajo un exceso de presión perpendicular o el estruendo mudo de las cargas de profundidad.

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No me gusta escribir gratis, pero mira...
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