Cass McCombs – “Dreams come true girl”

Esta canción no es real. Mejor: no pisa lo real. Prefiere estirarse en pos de la ingravidez y la paranormalidad. Es por eso que, a pesar de la rotundidad con la que está compuesta, “Dreams come true girl” flota. Su contenido onírico parece llevarla de la familiaridad del clasicismo a la otredad, del estado sólido al líquido, quizá incluso al gaseoso. Y para cuando Cass McCombs recupera a la actriz Karen Black para que enrarezca el tramo final con esos coros tan Mary Margaret O’Hara, “Dreams come true girl” ya ha pasado al otro lado del espejo.

Hay algo muy Lynch en esta canción. Como cuando los temazos que escogía de Roy Orbison o Chris Isaak te dejaban un estupendo mal cuerpo por culpa de su uso enfermo en alguna de sus películas. Es la América idealizada de los 50 manipulada con tal sutileza que cuesta diferenciar si la imágenes que la canción invoca son sueño o son pesadilla. Es el recuerdo deformado de “Marty”, la película de Delbert Mann que aparece en la portada del single (¡Aguanta Ernest! ¡Duro ahí! ¡A por Oliveira!), más que “Marty” en sí misma. Es Hollywood con fiebre.

“Dreams come true girl” es de esas canciones que reproduzco en mis adentros cuando nado. No tiene ni la marcialidad ni la marchita que la gente suele pedir a la música cuando hace deporte, desde luego. Pero es que echarse unos largos tiene un componente de huida de la realidad que no percibo en otras disciplinas. En cuanto empiezo a oler el cloro y me acabo de disfrazar con todos los apechusques que requiero para nadar (tapones de los oídos, gorro y gafas), la jornada que llevo encima comienza a desvanecerse. Cuando meto la cabeza dentro del agua, este gesto adquiere tanto sentido literal como figurado. Ya no estoy. Adiós, día de mierda. Ahí te quedas. Entonces, suena “Dreams come true girl”.

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Una respuesta a Cass McCombs – “Dreams come true girl”

  1. Alexandre S. dijo:

    Hostia, qué bien tirada la idea de banda sonora natacional. Yo tengo exactamente la misma idea de la natación como una inmersión hipnótica, como un deslizarse hacia una región de suspensión de la consciencia. Esos largos que hacen con automatismo, sobre todo los últimos que alargas por inercia y con el cuerpo que ya casi no sientes. La verdad es que nada qué ver con cualquier otro ejercicio físico. Y sí, es adictivo. Yo nadaba pensando siempre en músicas instrumentales un poco infecciosas de este género que pones (y también en novela negra, no me pidas por qué). Lo tuve que aparcar el año pasado porque me salían ronchas en la piel del puto cloro. pero si ponen por fin piscina de agua salada, allí volveré. Aunque no tengo del todo claro si el olor clorado y la extraña textura del agua de psicina no forman parte del hechizo amniótico de todo el asunto.

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