Thelonious Monk – “Round midnight”

Intentaremos que esto no parezca ahora “Historias de la puta prestación social sustitutoria”. Porque esta entrada de la música del azar de hoy tiene que ver con mis días como objetor de conciencia. Batallitas, vamos…

Tras pedir y agotar todas las prórrogas posibles (motivadas por mis estudios, por llamarlos de alguna manera, de periodismo), mi PSS se materializó en forma de vigilante de la biblioteca de una escuela privada/concertada. O sea, que supuestamente tenía que hacer de policía de niños pijos en horario de estudio. Pero, como éstos no pisaban la biblioteca del cole ni cuando se equivocaban de puerta (de vez en cuando, alguno se metía a hacer los deberes mientras esperaba a que vinieran sus padres a recogerle y ya), pues me tiré tres meses leyendo clásicos de la literatura universal en catalán sin que nadie me distrajera. Luego llegó el verano; ergo: 3 meses de vacaciones porque la escuela cerraba. Y en septiembre, me amnistiaron porque se aprobó no recuerdo qué ley por la cual los objetores aún éramos un estorbo mayor que antes. Pues, por mí, perfecto, tú. Fin del castigo. Todos contentos.

¿A qué viene toda esta chapa introductoria, Higgins? Pues a que todos los martes por la tarde, mientras languidecía en la biblioteca de la escuela, en el aula de al lado tocaba clase de música. Y cada martes, los alumnos más avanzados a los que dejaban sentarse al piano ensayaban lo mismo: “Round midnight” de Thelonious Monk.

Con semejante imposición de contexto, podría haber aborrecido la partitura inmortal de Monk al segundo día. Sin embargo, cada martes dejaba de escuchar lo que llevara en el discman y ponía la oreja a lo qué sucedía al otro lado del muro. Supongo que la lógica posibilidad de error que cabía en el proceso de aprendizaje ante las teclas de los chavales me encajaba estas versiones frustradas de “Round midnight” con el espíritu rupturista de la música de Thelonious Monk. Era como si de alguna manera la entropía, las fugas de armonía y las atonalidades tan identificativas del genius of modern music ya hicieran acto de presencia desde el mismo momento en el que un aspirante a músico se enfrentaba a su repertorio.

Como dice Roger Roca (y me lo creo, que de esto sabe un mucho más que yo), Monk fue el último gran creador de standards del jazz: “Blue monk”, “Thelonious”, “Criss cross”, “Straight, no chaser” y, claro, “Round midnight” (y algunas más). Son canciones cuya arquitectura clásica ya casi les asegura la posteridad. Como atesoran una sencillez y una inspiración tan proverbial, se pueden interpretar con toda la pulcritud y obediencia al pentagrama del mundo porque siguen sonando a gloria bendita. Y eso es lo que supongo que la profesora de música querría que alcanzaran sus pupilos. Pero seguro que el gran Monk hubiera preferido otra cosa, que al final era la que siempre pasaba cada martes: que por las rendijas de la disciplina se colara el aire de la locura a modo de equivocación. Y quizá por eso, el error nunca fue tan bienvenido a mis oídos.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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