Dos caballos

Duelo equino en las salas de cine. La casualidad ha querido que “War horse” de Steven Spielberg y “The Turin horse” de Béla Tarr coincidieran en el fin de semana de su estreno. Así que el azar ha dispuesto un enfrentamiento de título caballuno, para deleite de cinéfagos sobre-analizadores como yo que quieran ver en esta coincidencia algo más.

De alguna manera, “The Turin horse” y “War horse” representan dos maneras radicalmente contrarias de concebir el cine: la artística y la industrial, grosso modo. La película de Tarr es el paradigma de ese cine muy de autor, minimal y requete-europeo, de nacionalidad insólita en nuestras pantallas (es la primera película que se estrena entre nosotros del director húngaro) y sin ninguna concesión de cara a taquilla. Y la de Spielberg es el paradigma del cine de estudio, megalómano y requete-americano, con todos los tics Hollywood que podemos reconocer en mil otras películas y con todo los trucos y chantajes posibles de cara a la platea. Donde digo “paradigma” podría decir “caricatura”, y tampoco pasaría nada (seguro que los detractores de cualquiera de ambos bandos lo sucribirían).

En realidad, aunque las dos películas buscan claramente targets opuestos, puede darse el caso de que gusten a un mismo espectador. Cosas más raras se han visto. Pero yo que estoy un poco harto de tanto centrismo, corrección, diplomacia y otros platos tibios, creo que vale la pena posicionarse. Aunque sólo sea para definirse, para identificarse a uno mismo como aficionado al cine.

Qué sorpresa se llevarían muchos de mis conocidos si esta vez me alineara del lado de Spielberg, con la inquina que le tengo, ¿no? Calma, no va a pasar. Y eso que intenté ver “War horse” limpio de prejuicios, buscándole las virtudes. Pero es que era imposible. Al margen de algún detalle de dirección (alguna secuencia bélica no demasiado truculenta, lo del aspa del molino que gusta a todo el mundo y a mí también…), la película es un pastel con todos los ingredientes que pide la receta: animales humanizados, crepúsculos y paisajitos a tutiplén, protagonistas guapos, pueblos monísimos, abueletes entrañables, banda sonora enfática con más cuerdas que una de Disney, inocencia y bonhomía por bandera… Lo que se entiende por una película bonita, vaya. Súuuuper-bonita. “Lo que es bonito, no puede ser bello” dijo Wittgenstein. Claro, por eso “War horse” me ofendió tanto a la vista. Seguro que habrá quien quiera oír a John Ford o a Powell-Pressburger resonando en sus fotogramas: una manera como otra de intentar revertir y positivar su condición de peli carca. Esto es cine viejuno. Spielberg, chato, me temo que confundes clasicismo con conservadurismo.

La cita a Wittgenstein anterior puede parecer una sobrada, pero ya que la película de Béla Tarr invoca a Nietzsche en su planteamiento, me he dicho “ya puestos…”. Por si alguien albergaba alguna duda, yo milito en el bando de Béla Tarr. Cine de línea dura-durísima. Pero…¡qué cine! Seré un espectador resabiado y listillo, me creeré un Espartaco de las manifestaciones culturales minoritarias, me pondré de este lado porque en estos días estoy más sensibilizado con este tipo de cine tras la reciente muerte de Angelopoulos… Sí, sí, todo lo que queráis: encajo todas estas acusaciones sin chistar. Tenéis razón. Pero es que empieza esta película apocalíptica como ninguna otra película apocalíptica y ya notó el latigazo del viento en la cara, ya me emboba el blanco y negro, ya se me lleva la música como a las hojas esas que siempre revolotean en las películas de Béla Tarr… Es un experiencia sensorial superior a mí (para que luego digan que es cine cerebral). Entonces es cuando noto que pertenezco a esta manera de entender el cine, al menos como espectador. Puedo apreciar y disfrutar muchos tipos de películas, sí. Pero cuando alguien me rapta no por una temática afín, no por la excelencia del guión, no por la fascinación respecto a unos personajes, sino por un tipo de emoción que sólo es capaz de producir exclusivamente la imagen capturada en movimiento, ahí me derrito.

Luego podré hacer broma yo mismo y llamar al maestro Béla Turra y hasta soltar que a mí lo que me gusta es el cine coñazo. Pero, no os dejéis engañar por mis chanzas: el auténtico cine coñazo es el otro.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Dos caballos

  1. un caballo y un burro.

    así me topé con el war horse spielbergiano, nada más y nada menos que tras empaparme del balthazar de bresson dos días antes. como para no flipar, con lo majos que son los caballos. turin horse está ahí, puede que caiga hoy mira tú.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s