El precio de las lágrimas

Vendo muy caras mis lágrimas. En el cine, ojo, no os penséis ahora que soy un cacho de carne insensible (aunque igual sí, no sé). Quizá estoy muy resabiado, pienso algunas veces. O quizá pienso las cosas demasiado, pienso otras veces (¡lo ves!: ¡tres “piensos” en menos de dos líneas!). Sea como sea, como me decía mi madre, ver tantas, tantas, tantas películas no puede ser bueno. ¿El consumo excesivo me anestesia? ¿Veo demasiado los hilos de la marioneta? ¿Me resisto a dejarme manipular por la ficción (y por tanto, me resisto a disfrutar)? ¿Me paso de listo?

El caso es que, para bien o para mal, me suelen preguntar mucho sobre cine (“recomiéndame una peli, va”, “¿cuáles son tus pelis favoritas del año? de la década? de la vida?” y patrañas así). Una pregunta habitual suele ser: “¿Cuál es la última película con la que has llorado?” Joder, es que a mi me cuesta mucho llorar en el cine, tengo demasiado callo, blablabla…Esa era la respuesta habitual hasta hace año y medio, aprox. A partir de mediados del 2010, respondía “Toy story 3” (que además era verdad) y todos contentos (el que preguntaba y el que respondía).

En los últimos meses, sin embargo, no sé si estaré más mayor, más blandito o qué moñadas pasa, pero ha habido dos películas que me han vuelto a apretar por dentro como “Toy story 3”. Una, la de Alexander Payne. “Los descendientes” me parece un prodigio de equilibrio entre drama y comedia. Este hombre es un funambulista. Cuando una escena esta a punto de pasarse de azúcar, la rebaja con humor, casi parece que la compense con un remate de sentido común. Este juego de balances le sale como a nadie. Diría que le basta con situar escenas con toda la rifa para caer en la ñoñería en un contexto distinto. Payne simplemente las enmarca en un escenario poco habitual (en este caso, Hawaii: ¿tragedia + camisas floreadas?) y el cambio de estética ya varía la relación entre el sentimiento y la imagen que lo representa. ¿El efecto?: muere el cliché, vuelve la emoción. Y ahí es donde yo (casi) lloro.

La otra es “La guerre est déclarée” de Valérie Donzelli, vista en el último FICX y casi candidata a los Óscars por Francia. Mucho cuidao con esta peli. Derrite el hielo. La historia brutal de una pareja (real: le pasó a la propia directora y al actor protagonista) que ve como el destino pone a prueba su relación de la manera más terrible posible: su hijo recién nacido tiene un tumor cerebral. Ya oigo a los cínicos: ¡Uff, qué palo!. Pues ellos se lo pierden. Porque esto no es un drama sobre enfermedades terminales con Javier Bardem con una calva de la industrial bolsera. Esto es un mazazo en toda regla, sí, pero plástica y narrativamente casi parece de Léos Carax (que Carax molaba mucho). La película está llenísima de ideas a todos los niveles (también musicales, claro: mirad el trailer). Y nunca deja de palpitar fuerte. Lo que decía antes: la fibra se toca siempre que se representen los sentimientos (extremos o no) con ideas no sobadas. O al menos, así se toca más honestamente. En estos casos, mis lágrimas son gratis.

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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Una respuesta a El precio de las lágrimas

  1. pardiez, el señor pons en la red!!!

    habla un fan suyo en la época que compraba rdl (allá por el pleistoceno), y si lo hacía era por sus recomendaciones y por cómo las escribía.

    lo crea o no, usted es grande.

    saludos!

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