“SHERLOCK” vs “SHERLOCK HOLMES”

Guillem Dols me recordó el otro día lo de “Steampunk”, porque yo había olvidado el palabro a los 5 segundos de leerlo en aquella cosa (cosita, mejor) del EP3. Era un reportaje a propósito del primer “Sherlock Holmes” de Guy Ritchie, o cómo retratar el Londres decimonónico con la misma lente que se utilizó para “Lock & Stock”, “Snatch” o “Rockanrolla”. Venga, va, compro lo de “Sherlock Holmes” y el steampunk (que sí, fans del sci-fi, que ya sé que es más que eso). Si ya hice la vista gorda con el S XIX chic de “Moulin rouge”, ¿no voy a disculpar esto?

Todo esto fue con el primer y bastante entretenido “Sherlock Holmes” de Ritchie, ojo. Que con “el juego de sombras” este nuevo me salí del cine. No aguanté. Transformar a Holmes en un héroe de acción más que en una mente detectivesca preclara es cargarse la identidad del personaje ¿no?. Para eso, que la próxima la protagonice The Rock. Si aquí de lo que se trata es de repartir hostias y salir de una persecución para meterse en otra. Pobre Robert Downey Jr. Se pasa la peli (lo que vi de ella) recuperando el resuello.

Más allá de mi sherlockfilia y de las “traiciones” que pueda o no pueda tener, el problema de la peli es que me aturulla. Hay tanta cosa en el plano estéticamente y tanta acción stressante al mismo tiempo, que el film me aturde, me ciega y, por tanto, me anula como espectador. No veo nada: no siento nada. O me llenas el plano de cosas y te estás quieto para que las pueda ver, o me metes dentro de una secuencia frenética y trepidante, pero limpia (en eso, mira, hay que elogiar a “M.I 4: El protocolo fantasma”). Las dos cosas a la vez, no, Ritchie.

Esta misma sensación de realización mareante y desorientadora (vigoréxica, que diría Xavi Serra), ya me pasó hace poco con el Tintín de Spielberg-Jackson, otra peli de aventuras inflada a esteroides. Y aquí es donde oigo el crujido interior: uno de los guionistas de “Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio” es Steven Moffat, el creador junto a Mark Gatiss de “Sherlock”, la serie de la BBC que le da sopas con hondas al “Sherlock Holmes” de Guy Ritchie.

El Sherlock traído al presente de los seis capítulos de hora y media de la serie (justo acaba de terminar la segunda temporada de tres episodios) es mucho más brillante, ingenioso y divertido que el presente llevado a la época de Holmes de la peli. Y la dirección de cada capítulo, aunque estén a todas luces sobre-realizados (post-po y grafismo a piñón, triquiñuelas y vaciladas estéticas mil), no está híper-hormonada como una película de acción. Si acaso, está híper-estilizada como un thriller moderno.

El cogollo de la serie es el mismo que el de las historias de Sir Arthur Conan Doyle: un enfrentamiento muy sofisticado, aunque también muy folletinesco, entre héroes y villanos de cerebro privilegiado (casi diría que entre víctimas del síndrome de Asperger). Para espectadores que, como yo, disfrutan tanto de “La huella” o “Matar o no matar: ese es el problema” como de “Seven” o “Jungla de cristal III: la venganza” este tipo de partidas de ajedrez criminales dan mucho gustico de ver. Que digo gustico: ¡gustazo!

Otro aspecto de esta serie que delata mis contradicciones es como solucionan muchos lances de las tramas. Toda la vida defendiendo que a las series uno debe engancharse por cómo plantean los conflictos, pero se tienen que valorar por cómo los resuelven, y ahora resulta que los trucos de chistera de los guionistas de “Sherlock” no sólo me dan igual, sino que incluso me divierto con el morro que le echan. En fin…

Acerca de ponkipons

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2 respuestas a “SHERLOCK” vs “SHERLOCK HOLMES”

  1. Alexandre dijo:

    Sherlock es de esas series que tienen estrella: les perdonas las triquiñuelas que te hacen porque lo hacen con tanta gracia y morro como el padre de Peret en “El mig amic”. Y también porque esos tripijocs, como bien dices, forman parte de la identidad primigenia del personaje ya desde las mismas novelas. Van en el pacto que se establece con esa ficción, un poco a la manera del buen ilusionismo.

    Por otro lado, ayer me tocó entrevistar a Carmelo Gómez y me declaraba que estaba un poco hasta el gorro de hiperrealismo. Mira que no me hacía muchas esperanzas con ese diálogo, pero el intercambio de pareceres fue interesante porque andaba yo justo pensando en ello: hay una verdadera obsesión con lo explícito, lo sobreexpuesto, lo gráfico. No es una estilización limpia, hermosa, idealizante al modo de, por no abandonar el género, la de un polar de Mellville o alguna de las joyas de Becker (ya sé que tiro alto, pero de ahí para abajo seguro que se nos ocurren ejemplos parangonables). Es una cosa exhaustiva hasta la fatiga, que llega a excluirte, que hace que no participes en nada de la fabricación de ese imaginario que debería ser compartido entre creadores y espectadores. Pero en Sherlock se compensa de algún modo con la recreación de ciertos ambientes y de sus relaciones. Precisamente pienso en el segundo capítulo que, hasta el momento (me faltan los dos últimos) es el que más me gustó, también como a ti porque es el más autosuficiente y de universo más autónomo.

    • ponkipons dijo:

      A mi no me molesta que me engañen. Incluso no me molesta ver el truco. Pero lo único que pido es que lo hagan con estilo. Por otro lado, ya decía Bresson que “lo artificial debe revelar lo real”

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