Apuntes de viaje y festival

El formato batiburrillo de bosquejos es ahora mismo el ùnico al que alcanzo. Así nunca aprenderè a escribir bien, lo sè. Pero ante tanta sobresaturaciòn de estimulos durante 5 dìas en Buenos Aires, es lo ùnico que me veo capaz de articular. Ahì va un revoltijo de apuntes de viaje:

- Me he cruzado con niños vestidos con bata blanca (el guardapolvos habitual de algunas escuelas) y me han parecido un gang de mini-mèdicos.
– He catado el veneno del fernet y el de la gaseosa de pomelo y, bueno, aùn estoy aquí contándolo.
– He visto una señora vender porciones de una rosca de flan casero en una mesita en la calle. A su lado había un tipo con un estetoscopio en otra sillita (¿para confirmarte si estabas vivo o no?).
– He subido en trenes del subte tan rayanos a la reliquia turística que en Barcelona me hubieran cobrado el triple por el simple honor de utilizarlos.
– He salivado ante parrillas de carne que parecìan “El jardín de las delicias” del Bosco (“El infierno”, si eres vegetariano).
– He discutido del Barsa con interlocutores con mucho más conocimiento de causa que yo (“Deulofeu promete mucho, ¿no?”). Ciudad blaugrana èsta: “¿De verdad hay gente que puede celebrar goles de Cristiano Ronaldo?”
– He descubierto que los rollingas son una tribu urbana muy curiosa y muy autòctona (y que es la misma, casi, que la cofradìa Ramones)
– He aprendido el saludo asimétrico del beso único (aunque me ha costado varios dìas de efecto cobra)
– He flipado con tìas de impresiòn que parecìan salidas del pasillo plateado de un clip de r & b. Habìa como 400 juntas. Marcando silueta con lycra. Luego descubrì que era un casting para nosequè. Ya decía yo que tanta guapa concentrada por metro cuadrado no era ni medio-normal.
– Ya manejo giros idiomáticos como medio-loquesea, obvio, dale, chavón, cuadra, canchero, mina, grasa, la concha de la lora…
Etc, etc, etc…

Pero bueno, basta de chascarrillos turìsticos. Como no soy tan observador como Carlos Torres en su “Manual del hipertròfico” (esta ciudad es tan tuya que no he podido dejar de mencionarte, Torres: aquì hay una mina para ti en cada esquina) yo armar notas de viaje a pie de calle no sè. De notas a pie de festival de cine quizà sì un poco màs. Pero tampoco querrìa ahora caer en el pintoresquismo de “callejero viajero” con excusa festivalera como Guerìn en “Guest”. Màs que de la vida y sus alrededores en un festival en el que la caudalosìsima oferta de programaciòn me sigue revolcando dìa sì y dìa tambièn, sòlo me puedo atrever a dejar aquì impresiones sobre tres de las pelìculas que màs me han gustado del BAFICI.

“Los salvajes” de Alejandro Fadel: en este “el señor de las moscas” en versiòn hard-boiled (o “Los juegos del hambre” en clave lisandroalonsesca) hay algo. Arrojo, fulgor, intuiciòn… no sè muy bien como llamarlo. La pelìcula es imperfecta, claro, como tantos otros buenos debuts imperfectos. Y es posible entretenerse tanto en localizar sus defectos (excesiva, alguna sobre-explicaciòn, cierto esteticismo…) como en detectar sus aciertos (valentìa narrativa, apuesta sensorial, reloj propio…). Pero, repito, aquí hay algo. Serà quizà la promesa de un cineasta mejor. Pero aquì Fadel ya es bueno.

“Sangue do meu sangue” de Joäo Canijo: esto ya tiene otro porte. Es bastante màs realidad irrefutable que promesa, vamos. Un culebròn de clase obrera muy de escuela bitànica en el fondo, pero muy portuguès en la osadìa de su forma (las falsas pantallas partidas, los planos secuencia, la frontalidad…). Màs de tres horas de penurias familiares con el mismo poderio de aquellas adapaciones de Naguib Mahfuz de hace 20 años (“El callejòn de los milagros”, “Principio y fin”…) o, por ponernos màs estupendos, con aquel mismo crescendo operìstico de la miseria de “Rocco y sus hermanos”. No es extraño que Canijo protagonicè una de las retrospectivas del festival. Si el resto de sus pelìculas son sòlo la mitad de esta…

“Tabù” de Miguel Gomes: aunque en España no se le haya hecho demasiado caso (la notable “Aquel querido mes de agosto” corre en DVD con preescripciòn Cahiers), en el BAFICI Gomes es groso, un capo. Uno de sus directores fetiches. “Tabù” es una pelìcula alucinante. Un juego con las edades de la representaciòn y narraciòn cinematogràfica (el mudo, el film domèstico, el melodrama exòtico, el slice of life, los paisajes de la modernidad…) que intuye aventuras pretèritas en vecinas ancianas. O como leer a Isak Dinesen con ojos de Apichatpong Weerasethakul.

PS: disculpad los acentos abiertos, pero este teclado ajeno me tiene manìa.

Atentamente, Shuan (o Xuan)

Acerca de ponkipons

No me gusta escribir gratis, pero mira...
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